¿Para qué me buscas? ¿Para qué me quieres?

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¿Para qué me buscas? ¿Para qué me quieres?

Mensaje  lydinana el Dom Ago 01, 2010 11:11 pm

Prólogo


- Soy Susan
- ¿Qué tal? Soy Robert
- ¿Vives aquí?
- Soy de aquí. Soy inglés ¿Y tú?
- Yo también… soy del Norte
- Pues… encantado – Extendió su mano firme y volvió a apretar la mía entre la suya, cómo lo había hecho antes.
- Igualmente
- ¿Quieres algo de beber?
- Ya estoy bebiendo gracias…
- oh… lo siento – Rió encantador y agachó la cabeza sonrojado – Es verdad… pues... la siguiente me encantaría que le tomaras conmigo – Sonreí agachando la vista y volví a mirarle a esos ojos azul grisáceo que me habían dejado impactada. Llevó una de sus manos a mi cara y retiró un mechón de pelo hasta posarlo detrás de mí oído.
- ¿Qué haces en tu vida?
- No mucho… mi madre se ha empeñado en qué haga unas fotos para su agencia de modelo y... no sé… me gusta componer música
- ¿Eres un bohemio? – Reí absorbiendo de mi pajita
- Algo así. Me gusta la soledad y… me encanta la música y… el cine
- Entonces… te dedicas a…
- Nada – Rió agachando la cabeza y yo le seguí…

A partir de ahí no recuerdo mucha más. Sólo recuerdo que a la mañana siguiente había perdido mi virginidad, que a mi lado tenía a un chico de mi misma edad, 16 años, que la había perdido conmigo, un terrible dolor de cabeza y una historia compleja que contar.

No le volví a ver más. Bueno sí… en unas cuentas películas. Después de aquella noche no me volvió a llamar, ni a querer verme. Él ahora era famoso y yo una chica más en su lista, bueno… la primera. Lo malo es que después de 7 años me llamó.


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Re: ¿Para qué me buscas? ¿Para qué me quieres?

Mensaje  lydinana el Dom Ago 01, 2010 11:12 pm

CAPITULO 1


-¿Susan?
- ¿Quién eres?
- Soy… soy yo…
- Ya… ¿Te llamas “yo”?
- No… - escuché su risa nerviosa por el auricular – Ehmmm… soy Robert
- ¿Robert? Pero…
- Sí… lo sé… hace… hace mucho tiempo… no sé si te acordarás de mía
- A ver… déjame recordar… - Mi voz sonaba demasiado irónica - ¿eres Robert, el que me desvirgo con un polvo en una noche de borrachera y del que jamás he vuelto a saber nada, sólo que es más famoso que Leonardo Di Caprio y que es un poco capullo?
- Bueno… visto así… parece que tienes razón
- ¡Ja!
- He estado un poco liado y…
- ¡Ya!
- Mira…
- No… mira tú. No sé porque me llamas ahora. No sé qué quieres después de tantos años, pero no quiero saber nada de tu vida ni de tu mundo de lujo… y… fantasía…
- No me cuelgues… Susan… necesito verte
- ¿Para…?
- Porque quiero verte
- ¡Ya! ¿Para…?
- ¡Joder! ¿Quieres verme o no?
- Te veo mucho por la tele. Supongo que estarás igual en persona
- He estado pensando bastante sobre… bueno… supongo que todo el mundo se acuerda de su primera vez y… aunque no fue perfecta… pues… me he acordado de tí y… lo que hice después y creo que te debo una disculpa…
- ¿Una disculpa? ¿7 años después?
- Lo siento
- Llegas tarde
- Susan por favor… Quiero verte
- Mira… Robert… no quiero tu perdón, no quiero ver tu mundo ni de lejos…
- Sólo verte y… pedirte perdón… después decides… Podemos ser amigos o me pegas y me iré mientras me hacen fotos y así salir en todas las portadas – Pensé durante unos instantes, resoplando varias veces para que lo oyera a través del teléfono
- Te doy 10 minutos. Me dices lo que tengas que decirme y… ya me has visto el pelo
- ¿Te parece bien dónde nos conocimos?
- Está bien… esta noche
- Nos vemos – Colgué el teléfono con un golpe y suspiré pensando en porqué había dicho que sí.

Me duché rápido y me maquillé lo justo para lo rápida que iba a ser esa “cita”. Me vestí con deportivas y jeans y salí de casa para conducir hasta el club de la otra punta de Londres dónde nos íbamos a encontrar. Aparqué el coche en la entrada y pasé al local despacio. Miré hacia todos los lados y vi que estaba medio vacío. ¡Perfecto! Nos iban a ver los cuatro borracho de siempre. Me acerqué a la barra y me senté despacio.

A Robert nunca le había considerado un hombre extremadamente guapo. Le había visto varias veces por Londres, en pubs o en tiendas, pero para mí era un hombre más hasta esa noche. Y ahora, un famoso que, no sé porque cojones, quería pedirme perdón 7 años después, y la verdad… Ahora no estaba nada mal.

-¡Vaya! No te recordaba así – Me giré despacio y vi su sonrisa provocadora destellar a pesar de la oscuridad del local
- Ya. Yo te recuerdo… parecido – Le dije mientras me bajaba del taburete para quedar frente a él, pasó una mano por mi cintura y me arrimó a su cuerpo para besar despacio mi mejilla
- Tú estás igual pero… no recordaba tu olor así… - Susurró esa parte cerca de mí oído y se alejó de este con sonrisa triunfadora
- ¿Has venido para perder… - miré mi reloj hablando irónica e impaciente – 3 minutos de los 1 que te he dado para decirme que no m recordabas así?
- No… he venido para decirte que siento lo de esa noche… bueno… no lo siento… no todo… siento no haberte llamado jamás… pero lo de aquella noche no lo siento
- Ya… pues… eso lo tenías que haber pensado antes… - Busqué mi bolso en la barra y me giré para irme corriendo
- ¡Venga Susan! – Agarró mi brazo con firmeza pero suave – Déjame hacer esto bien… No quiero que pienses lo que piensas de mí – Le miré unos segundo mientras se pasaba la mano por el pelo – Sólo… esta noche… bebemos unas cervezas, reímos, nos lo pasamos bien y… te demuestro que no soy lo que piensas… sólo reírnos un rato

No sé cuánto tiempo estuvimos bebiendo, lo que sí sé es que me bebí 8 cervezas y algunos chupitos de tequila, y creo que Robert se tomó unas 10. La verdad es que no paré de reír, la gente no nos molestaba, no se veían paparazzis y estaba cambiando mi opinión por él.

-Cgrrreooo queee… pufff… me voy a ggcaaasaaa GRrrrobert. Estoyy… jaja… un poco mal
- No te puedesssss ir… así… sssoolaaa.Te vienesss conmiggggo
- No, no, no, no, no – Me intenté levantar y mi cuerpo se dejó caer de nuevo sobre el sofá de ese pub, haciendo que mi cabeza cayera sobre su hombro
- Nossss vamosss a mi aparrrta… epart… apetermento… a mi casa… - Cogió mi mano y me arrastró por la parte de atrás del club, dónde tenía preparada la salida para que nadie le viera. Atravesamos una calle y llegamos tambaleándonos hasta su casa

Subimos despacio chocándonos y riendo, mientras sus manos sujetaban mi cintura y una de las mías agarraba la tela del vaquero de su pierna para que él tampoco se cayera. Tardó más de 10 minutos en abrir la puerta y yo me senté apoyando mi espalda en la pared para esperar a que abriera. Cuando abrió, gateé a cuatro patas hasta entrar en la casa, oyendo su risa sin parar hasta que sentí de nuevos sus brazos en mi cintura y su cuerpo caer sobre mi espalda

-Jajaja. Lo sssiento… no… tengo equilibgbrrrio
- Jaja… si pero… no te aprrrogveches de mí ahora… - Paré de gatear hasta llegar al centro y sentí sus labios recorrer mis hombros. Me desarmó,

En ese momento cualquier pensamiento de rendición se había ido por la ventana. Sus manos apretaron fuerte mi cuerpo contra el suyo y mi espalda sea aplastó contra su pecho, sintiéndole más cerca, más fuerte, mejor. Si hace un rato este hombre no me interesaba, ahora me estaba volviendo loca.

Sus manos se metieron por mi camiseta y quemaron mi cuerpo con cada roce de sus manos. Su pecho desprendía un calor insoportable que se alojaba en mi espalda y se repartía a cada poro de mi cuerpo. Subió sus labios hasta mi nuca, retiró el pelo alojado allí con la barbilla y comenzó a lamer. Gemí sin querer, no quería que supiera lo que me provocaba de verdad. Llevaba 3 meses sin sexo, pero no estaba desesperada, ni quería parecerlo. Acomodó su cuerpo, moviéndolo, sobre el mío. Agarró mi cuerpo, por debajo de mi ropa, y nos puso rectos, así llegó mejor a mi cuerpo.

Conseguí echar una mano hacia atrás y agarré su pelo con fuerza mientras jugaba con mi oído. No sé cómo volvió mi cuerpo y me reposó mi espalda sobre el suelo. Se colocó entre mis piernas, enredadas en sus caderas y acercó su cara a la mía.

-Deja que te recompense lo de aquella noche. Déjame hacer las cosas bien

Y hundió sus grandes labios sobre los míos. Hizo con ellos lo que quiso, los mordió, los lamió, los chupó, todo era poco. Mis manos se volvieron habilidosas y le quitaron la camiseta y bajaron despacio hasta el cierre de su pantalón. No sé porque lo hacía si en realidad, a parte de su demasiado evidente atractivo físico, no me atraía nada de él.

Conseguí deshacerme de su cinturón al mismo tiempo que rasgó mi camiseta. Un gemido inconsciente salió de su boca al mirar fijamente mi pecho. Volvió a buscar mi boca y su lengua recorrió mis labios hasta pelearse con la mía. No podía esconder más los jadeos que pedían paso. Aparté mi boca la de suya y enterré mi cabeza en su clavícula mientras él alcanzaba mi cuello, mordiendo y lamiendo cada rincón mientras sus manos se hacían con la cremallera de mi pantalón.

Yo hice lo mismo con los suyos. Separé las piernas de su cadera para que me desvistiera y conseguí quitar todo rastro de ropa de su cuerpo. Volví a enrollar las piernas a su cuerpo cuando no teníamos más impedimento que nuestra propia carne y empezó el movimiento de su cuerpo que invitó al mío a seguir su ritmo. Aunque el suelo enfriaba mi espalda el calor que su cuerpo desprendía me alejaba de cualquier sensación fría.

Mis caderas se levantaron para darle más facilidad y un gemido salió de su pecho cuando lo hice. Nuestra primera vez había sido rápida y cómo casi todas las primeras veces de la gente, pero ahora su técnica había mejorado, aunque seguro que no se esperaba que yo lo hubiera hecho también. Apreté mis piernas más contra su cuerpo para apretarlo contra el mío, si podía hacerlo más, y otro gemido se escapó de su boca chocando contra el hueco de mi cuello. Su mano agarró mi cadera mientras se apoyaba con la otra en el suelo. Mis movimientos se hicieron más intensos y los suyos los siguieron. Se separó un poco de mí y pude verle la cara. El alcohol de mi cuerpo se estaba quemando y cada vez le distinguía con más claridad. Su cara estaba empezando a sudar y sus ojos se entrecerraban dejando que sus dientes atraparaba su labio inferior.

Alargué mi mano para buscar su cara y la acaricié despacio, contrarrestando los movimientos de nuestros cuerpos. Una pequeña se dibujó en su cara y abrió los ojos de par en par, dejándome ver la lujuria que albergaban. Acerqué mi cara despacio y mordí ese labio que antes había estado atrapado por sus propios dientes.

Empecé a notar unos movimientos duros y certeros mientras me besaba y su cuerpo empezó a temblar. Gimió en mi boca mientras yo respiraba su aliento a cerveza, que se mezclaba con el mío. Y entre esos últimos movimientos, mi espalda se arqueó , dejando que su cabeza se apoyara en mi pecho y unos gemidos incontrolados se arrancaron de mi pecho.

Mi respiración era demasiado agitaba. Comencé a apoyar mi espalda recta de nuevo y a poner mi cabeza en posición normal. Me encontré con su cara sonriente y su frente más que sudada. Besó mi mandíbula y se acercó a mi oído.

- No me arrepiento de haberte llamado ¿Y tú? – Lamió mi oído y aproveché para morder su cuello - Ahhh – Gritó y me miró mientras me reía
- Estoy muy borracha… - Se levantó de mi cuerpo y le vi andando hacia la cama. Un hombre alto, delgado, bien hecho… Me incorporé un poco y tapé mi pecho con mi brazo.
- Tápate. Aquí hace frío – Me ofreció la mano para ayudarme a levantarme con una sábana en su otra mano y, una vez de pie, me enrolló en ella, aplastando su pecho contra mi espalda y me dirigió a la cama para que pudiera descansar.

Se tumbó a mi lado y lo último que recuerdo es un brazo en mi cadera y un mareo, pero la mañana llegó demasiado pronto y con ella la desilusión. Me incorporé despacio, ya que los rayos de sol me cegaban y, tapándome con una mano, busqué por el pequeño apartamento pero no estaba allí. Me revolví en la cama pero a mi lado tampoco estaba. Una nota sobre la cama y 20 Libras.

“Tengo trabajo. Coge una camiseta si quieres. No hace falta que me la devuelvas. Gracias por todo”


Indignante. Otra vez.


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Re: ¿Para qué me buscas? ¿Para qué me quieres?

Mensaje  lydinana el Dom Ago 01, 2010 11:13 pm

CAPITULO 2


-¿20 Libras?
- Sí. Me dejó 20 Libras como si fuera… una puta barata
- Joder. Yo pensaba que era… bueno… de otra manera. No sé. ¡Es Robert Pattinson!
- Rebeca, un hombre normal no le deja a una chica con la que se acaba de acostar 20 libras ¿Quién se ha creído que es?
- El tío más sexy del planeta – Suspiró sentándose en el sofá a mi lado
- Por tías como tú, ese hombre tiene el ego que tiene. Todo el mundo le babea, todo el mundo va detrás de él…
- Cómo tú
- No, perdona, no. Estaba muy borracha y llevaba 3 meses sin… desahogarme
- Bueno… la cosa es que le has probado ¿Cómo es? Cuéntamelo. Es un dios en la cama ¿verdad?
- No te voy a contar nada… porque casi no me acuerdo de nada y porque no. – Me levanté del sofá alterada
- Aver… quédate con lo positivo: Te has acostado con el tío más deseado del mundo, te había llamado él y encima ¡te llevas 20 libras! – La miré muy mal. – Era broma, sólo quería que sonrieras. Es verdad. Es un poco capullo, pero… es que está muy bueno…
- No sé qué hacer – El sonido del móvil me sobresaltó
- Pues… primero coge el teléfono porque… es él – Mi corazón empezó a latir deprisa y me temblaron las manos – Y déjale las cosas claras. Dile que no eres una puta… y que… no quieres volver a verle, aunque luego te arrepientas
- ¡No! No quiero saber nada de él
- Si no lo coges tú y le dejas las cosas claras, lo cojo yo
- Vale, vale, vale – Me acerqué a ella que tenía mi móvil en la mano. Tragué saliva y descolgué.
- ¿Si?
- ¿Si? ¡no! – Me hacía señas Rebeca en frente de mí
- ¿Susan?
- ¿Qué quieres ahora?
- ¿Llegaste bien a casa?
- ¿Tienes los cojones de preguntarme si llegué bien a casa?
- ¿Qué te pasa?
- ¿Qué que me pasa? Nada. No me pasa nada – Hablé irónica – Sólo que me volviste a hacer lo mismo
- Te estoy llamando y me preocupo de cómo llegaste a casa. Creo que no estoy haciendo nada malo.
- ¿Nada malo? ¡Ja! ¿Te crees que soy una puta?
- ¿Cómo?
- Que no necesito que me des dinero por acostarte conmigo
- Para, para, para… Yo no te he dado dinero por acostarte conmigo, sólo te dejé 20 libras por si necesitabas ir en taxi o metro o lo que fuera…
- ¡Oh! – Seguí hablando con ironía – Ahora resulta que el famoso tiene que darle dinero a la pobre chica anónima porque piensa que no puede pagarse un taxi
- te lo di porque con la borrachera no te acuerdas que te gastaste todo lo que llevabas
- ¡Oh! – Mi tonó ahora era de vergüenza. Tragué saliva y respiré profundo – Yo… ¡Joder!
- Ya bueno… siento el malentendido y… que seas tan cabezota
- Yo pensé que tú…
- Da igual… tranquila. ¿Te apetece que nos veamos esta noche?
- ¿Esta noche? – Rebeca me hacía señas con los brazos para que dijera que no
- Si quieres claro. A mí me apetece… Ayer me lo pasé… muy… bien
- Bueno… creo que no tengo nada que hacer – Rebeca bajó los brazos derrotada y los cruzó por su pecho mirándome mal
- Pues, si quieres voy a buscarte a casa
- Pero… ¿Y los paparazzis?
- Tranquila. Se supone que estoy en L.A
- Pues… no sé… cómo quieras
- ¿Me dices la dirección y te paso a buscar?




-Yo te lo he avisado Susan. Luego no me llores.
- Gracias por tu apoyo Rebeca.
- No gracias ni hostias. Antes casi te lo comes y ahora te dice un par de tonterías y caes.
- Tu misma has dicho que está muy bueno
- Y luego te he dicho que le dejaras las cosas claras. Susan ten cuidado. Es famoso y no sabemos cómo se mueve esa gente
- ¡Quieres tranquilizarte! Sólo vamos a vernos
- Tu ten cuidado ¿vale?
- Yo tengo cuidado ¿vale?
- Ya… sí… seguro


Rebeca salió a casa de su novio y dejó que me preparara sola. Volví a ponerme mis jeans rotos pitillo y mi camiseta de los rolling Stone, con mis deportivas a juego. Esperé a que llegara la hora viendo “Rebelde sin causa”, con mi bolsa de palomitas, cuando la puerta sonó. Me levanté como si me pesara todo el cuerpo y cuando abrí la puerta me encontré con esos ojos y mi cara se puso seria.

- Hola
- Hola – Le miré y alzó las cejas - ¡Oh! Lo siento. Nos vamos
- Si estabas haciendo algo puedo esperar a que termines
- Estaba viendo una peli pero podemos irnos
- Si quieres terminar de verl… ¿Rebelde sin causa? – Dijo sonriendo y sentándose en el sofá
- Eeeh… si…
- Me encanta – Se acomodó bien en el sofá y palmeo con su mano a su lado para que me sentara - ¿Podemos quedarnos a verla?
- Pero… ¿no… no nos íbamos?
- La vemos y nos vamos – Asentí me senté, a su lado, intentando mantener las distancias, pero él se acomodó mejor, rozando sus piernas con las mías.

Se reía solo y me daba codazos para que yo lo hiciera también. Quizás me había equivocado, quizás no era el famoso egocéntrico. Me quedé tan metida en mis pensamientos que acabé durmiéndome sobre su hombro. Dormida, aunque con un poco de consciencia, noté como mi cabeza y mi espalda reposaban sobre algo más blando y algo de peso sobre mí, pero abrí los ojos cuando noté unos labios húmedos moviéndose sobre los míos.

- ¿Qué haces? – Le pregunté confundida mientras respiraba fuera de su boca
- Besarte
- ¿Por qué?
- ¿Necesito motivos? – Volvió a apoderarse de mis labios y colocó su cuerpo encima del mío, por completo. Sentí sus piernas rodeando las mías y su abdomen aplastar el mío. Sus besos bajaron hasta mi mandíbula, dibujándola con la punta de su lengua.
- Robert… - Intenté moverme debajo de su cuerpo, pero agarró mis muñecas con una de sus manos hasta levantarlas por encima de mi cabeza. Levantó su mirada un instante para hablarme
- ¿Pasa algo? – Sonrió hacia un lado y volvió a enterrar sus labios en mi cuello, perfilándolo con sus dientes. Sentí su lujuria por cada poro de su cuerpo.

Su mano libre paseaba por mis caderas y consiguió agarrar mi muslo para que enredara mi pierna en su cadera. Jadeé sin control y su mirada se volvió a posar en la mía, que se acercó despacio hasta volver a mis labios. Su mano, ahora se perdía por debajo de mi ropa, quemando mis costados y mis costillas.

Cuando me quise dar cuenta no me quedaba nada de ropa y él ya se movía encima de mi cuerpo, muy diferente a la noche anterior, quizás porque no había alcohol por medio. Sentía mucho calor, demasiado. Ese hombre se movía bien y yo intentaba, lo poco que me dejaba, hacerlo igual y creo que lo conseguía debido a los gemidos que arrancaban de su pecho. Me miró fijamente cuando dejó mis labios y soltó mis muñecas sonriendo, bajando la mano con la que las sujetaba hasta mi cara. Mis manos vagaron por su espalda y mis uñas se clavaron en su nuca.

Aparté mi cara para intentar respirar y la giré hacia un lado, momento en que aprovechó para acurrucar su cabeza en el hueco que dejé, respirando en mi cuello y gimiendo de placer, mientras yo sujetaba su nuca, empapada en sudor. Bajé mi mano hasta su cadera y ayudé a moverla acompañando mi mano con mis propias caderas.

Su cuerpo tembló encima del mío, haciendo que mis piernas se debilitaran y un terrible calor se alojara en mi vientre. Terminé el gemido en su boca mientras sus labios intentaban calmarme. Cuando cayó rendido sobre mi cuerpo encontramos el momento para normalizar nuestras respiraciones, que poco a poco parecían las correctas, pero mientras recogía aire de algún sitio con mis ojos cerrados, noté que poco a poco ya no había peso en mi cuerpo. Abrí los ojos y vi cómo se abrochaba el pantalón y se vestía.

- ¿Te vas?
- Mañana madrugo
- Claro – cogí mi ropa y me la acomodé por encima de mi cuerpo
- ¿Nos vemos mañana?
- Me llamas y lo hablamos
- ¿Necesitas algo?
- No – Agaché la cabeza y noté su boca en mi pelo
- Mañana nos vemos

¿Me estaba utilizando? No. Sólo nos habíamos encontrado después de unos años, pero… nos estábamos conociendo. Pero… ¿no íbamos a salir hoy? No entiendo nada. Necesitaba hablarlo con Rebeca, aunque sabía lo que me iba a decir

-¿Te lo has tirado otra vez? – Chilló en mitad del autobús
- Shhhh. ¿Por qué no llamas al New York Times y se lo cuentas?
- es que no me puedo creer que hayas vuelto a caer y esta vez no me digas que estabas borracha porque no lo estabas y… ¡en nuestro sofá!
- Shhhh. ¿Te puedes callar?
- Yo ya no te digo nada. Lo que no me puedo creer es que se fuera, después de… de… ¡Joder Susan! ¿No te das cuenta?
- ¿De qué?
- Que te está utilizando para desahogarte
- Yo creo que… sólo quiere verme
- ¿Eso te ha hecho creer? Echáis un polvo en su casa y desaparece de repente, ahora echáis otra en nuestra casa y se va corriendo casi sin vestirse… Yo lo veo claro
- No lo sé
- Llámale. Intenta quedar con él de día y en un sitio al aire libre dónde no os incitéis a… echar un polvo
- No puede… ¿recuerdas qué es famoso? No puede salir por ahí. Le verán
- Excusas. Si quiere verte, haría lo que pudiera
- No sé…
- Llámale. ¡Venga! Dile que vas a comprar música a esa tienda enorme de segunda mano. Si no está trabajando podrías ir contigo
- No… no creo que…
- ¡¡¡Llámale!!! – Cogí el móvil de mi bolso y busqué su número, pensé un minuto antes de darle a la tecla de marcar mientras miraba la pantalla, pero Rebeca se adelantó y le dio sin que pudiera hacer nada.
- Pero…
- Habla que está marcando – Me puse el teléfono en el oído y dos toques después escuché su voz

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Re: ¿Para qué me buscas? ¿Para qué me quieres?

Mensaje  heidy patricia el Lun Ago 02, 2010 12:03 am

Lyddd!!! Espero el siguiente capitulo!!! Escribes precioso chica!!! Smile

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Re: ¿Para qué me buscas? ¿Para qué me quieres?

Mensaje  Pattzy el Lun Ago 02, 2010 11:59 am

me encanta que ya estemos con los fics!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! yuju ! jejejejje me encanta este enserio . es tan... tan ...madre mia !!!!!!!!!!!!!!!!!!!1
una parte de nosotroas tiene q reconocer ese miedo a que rob sea asi ...por lo menos a mi si se me pasa por la cabeza la verdad....
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Mensaje  lydinana el Mar Ago 17, 2010 1:21 pm

bueno... voy a ir actualizando aki xq sino... jjajaja aunk ya lo bareis leido jajajja


CAPITULO 3


- ¿Susan?
- Ehmmm Sí
- ¿Qué tal?
- Bien…
- ¿Querías algo?
- Bueno… estoy en el bus y… bueno iba al centro a la tienda de música de segunda mano y... como sé que te gusta la música… había pensado que quizás te gustaría venir conmigo
- No puedo. Lo siento
- ¿Estás trabajando?
- No
- ¿Entonces?
- No puedo salir a la calle así, sin más
- ¿La prensa?
- La prensa y los fans… No puedo lo siento
- Ya… no, tranquilo. ¿Y esta tarde? Podríamos ir a…
- No… Susan… no puedo
- ¿Tampoco puedes?
- Si… es que… no quiero que sepan que estoy aquí
- Pero sales de noche…
- SI… bueno…
- Déjalo… Cuando quieras verme me llamas – Colgué frustrada y miré a Rebeca que me miraba con cara de tener razón – No me digas “Te lo dije”
- Es que sabes que te lo dije.
- No puede porque… bueno… los paparazzis
- Ya… claro… y yo soy monja
- Oye morena – Un tío se acercó a Rebeca
- Tengo nombre
- Perdona preciosa. ¿Me dices tú nombre para que puede invitarte a algo esta noche?
- Me encantaría, pero… ¿qué te parece si llamo a mi novio y se lo preguntas? Quizás se quiera venir él con nosotros – El tío se puso en frente d ela puerta y se bajó de bus sonrojado
- Eres muy mala
- No… Estoy muy buena y tengo novio.


Llegué a casa sin comer y reventada. Me tiré en el sofá y el sueño me venció. El timbre de la puerta sonó y me desperté sentándome en el sofá y restregando mis manos por mi cara, el sol ya se había ido, pero el timbre seguía insistiendo.

-¡¡¡Ya voy!!! – Grité andando despacio hacia la puerta. El timbre seguía sonando - ¡Voy hombre! – Abrí la puerta deprisa y sus ojos se abrieron serios para mirarme - ¿Qué haces aquí? – Crucé los brazos sobre mi cuerpo
- He venido a verte – Sacó un ramo de rosas arrugadas de detrás de su espalda y mi enfado se empezó a volver perdón
- No me compres – Las cogí sin ganas aguantando mi sonrisa, es sonrisa que me salía cuando le veía, aunque no quisiera reconocérselo a Rebeca o, incluso, a mí misma.
- No te compro – Pasé hacia el salón escuchando como cerraba la puerta y sus pasos detrás de mí
- ¿Me dices qué haces aquí si se supone que no podías salir?
- Es de noche
- ¿Me explicas porqué sólo puedes salir de noche?
- No tengo explicación. Ya sabes lo que hay – Me fui hacia la cocina y cogí un vaso con hielos para prepararme un whisky, necesitaba relajarme de alguna manera. Noté sus pasos y la calidez de sus manos en mi cintura
- Déjame
- ¿Qué te pasa?
- Nada – Pegué un trago al whisky
- A mi… - Retiró el pelo de mi cuello y empezó a lamerlo despacio - … no me parece… - Volvió a lamerlo - … que te pase nada
- Quieres… dejarme
- No quieres que te deje – Mordió despacio mi hombro y el vaso se cayó y estalló en el fregadero. Mi cuerpo se pegó, hacia atrás, contra el suyo, no me pude resistir, sus manos, firmes, sujetaban mis caderas, que se movían despacio contra él
- No… quiero
- No quieres… ¿qué?
- Esto… - Recorrió con su labio inferior mis hombros hasta el borde de mi oído
- Sí quieres esto… igual que lo quiero yo – Empujé mi cuerpo hacia atrás para conseguir mover el suyo hasta que chocó con el frigorífico. Un leve gemido salió de su garganta
- ¿Me vas a dejar tirada como siempre?
- Siempre vuelvo – Me moví despacio apretándole más contra el frigorífico. Otro jadeo, acompañado por más de un gemido, salió de su pecho
- No quiero que vuelvas
- …
- Quiero que te quedes
- Sabes que… que… - Sabía que mis movimientos sobre ciertas partes de su cuerpo le provocaban falta de riego sanguíneo en su cabeza, ya que sus palabras salían muy despacio y dificultosas, cómo su respiración - … Sabes que no… no puedo
- Pero si puedes hacer conmigo lo que quieras, cuando tu quieras. ¿Qué pasa con lo que yo quiero?
- ¿Qué… que… qué… quieres… que haga…? – Sus manos pasaron a mi vientre, apretando más, ejerciendo más presión sobre mí cuerpo, que traspasó al suyo
- No te vayas – Cogí una de sus manos y mordí su dedo índice despacio. Yo estaba perdiendo la cabeza por él, no me estaba dando cuenta de que estaba empezando a sentir algo más que ganas de sexo y se lo iba a demostrar, iba a hacer lo que estuviera en mi mano porque no pudiera estar ni un solo segundo sin rozar mi cuerpo.
- No sé… si… mmm… no creo que pueda… quedarme – Me aparté despacio de él, pero la mano que sostenía mi vientre volvió a apretarme contra su sensibilidad – No… - Su dedo recorría mi labio y volví a morderlo para linearlo con la punta de mi lengua. Agarró mi cuello y posó mi cabeza en su hombro echándola hacia atrás. Su mano se despegó de mi vientre para recorrer mi cuerpo mientras la mía agarraba su pierna para poder seguir moviéndome – Deja de torturarme – Hincó sus dientes en mi cuello y gemí restregándole mi cuerpo más. Mi otra mano se levantó por encima de su cabeza y conseguí agarrar su pelo. La mano que no seguía en mi boca, se deslizó por debajo de mi camiseta y consiguió levantarla para que sintiera el calor de sus manos por mi piel desnuda. Mi mano en su pierna se movió para agarrar la tela vaquera, y así agarrar algo para desahogar el calor que corría por mi cuerpo, tirando con fuerza, casi rasgando su pantalón. Separó dientes de mi cuello, su mano de mi boca y agarró mi camiseta, tirando de ella, y la dejó caer al suelo. Aproveché que su agarre se hizo débil y me giré para mirarle a los ojos, dilatados, casi negros rodeados por una línea azul grisácea. Su boca entreabierta me llamaba, la miré y mordí mi labio, despacio, sacando mi lengua para aliviar el dolor de mis dientes
- No hagas eso – Me dijo acercando mi cuerpo al suyo con sus manos en mis muslos
- ¿El qué?
- Jugar con tus labios. Esa parte es mía – Se lanzó sobre mi boca y empezó a moverla sin control sobre la mía, rozándome con sus dientes, acariciándome con su lengua, jugando con mis labios. Su camiseta tardó un minuto más en desaparecer y mis manos comenzaron a desabrochar su cinturón, me separé un poco de su cuerpo para hacerlo mejor y su mano subió hasta mi cara para que no terminara el beso, agarrándola fuerte contra la suya. Quizás él estaba empezando a sentir algo por mí como yo. Quizás tenía miedo o sólo se estaba haciendo el interesante, pero yo sabía que algo sentía por mí. Su otra mano cayó rendida al lado de su cuerpo y cuando rocé con mis manos su cremallera sus labios se separaron de mí y, sin soltar el agarre de su mano en mi cara, miró como mis manos trabajaban en su pantalón, mientras yo no podía dejar de mirar sus labios entreabiertos soltando jadeos que yo provocaba.

Y así empezamos otra vez cuando se deshizo de mi pantalón, en esa cocina, sintiendo su cuerpo en mí, sus besos, sus caricias, su aliento, sus gemidos, su calor, su pasión… Me sentía la mujer más deseada del mundo por el hombre más deseado del mundo, con el movimiento de sus caderas entre las mías, con el agarre de su mano en mi cara y en mi muslo, con su boca perforar la mía, con su sudor en mi cara… Mis piernas, enrolladas en si cuerpo, no permitían que parara, no quería que parara, como no quería que se fuera. Besó desesperado mis labios antes los primeros indicios de temblor en su cuerpo y mis uñas alcanzaron su cintura para arañar esa parte y sin remedio vi el cielo en sus ojos. Gemí sin control en su boca mientras él mezclaba nuestros gemidos con nuestras bocas abiertas encajadas.

Paré el movimiento de mis caderas cuando sentí sus últimos temblores y abrió los ojos, todavía entrecerrados, para mirarme, mientras nuestras respiraciones se iban relajando al mismo tiempo.

- Quédate – Susurré en su boca con nuestras frentes apoyadas
- No puedo
- ¿No puedes o no quieres?
- No puedo
- ¿No quieres mimarme toda la noche? – Me acerqué a sus labios de nuevo y cuando conseguí alcanzarlos se separó de mí recogiendo mi ropa con una mano y dejándola a mi lado, apoyada en la encimera, mientras con la otra cogía la suya. Comenzó a vestirse despacio bajo mi mirada, de nuevo asombrada – No quieres quedarte. Ya me queda claro
- ¿Te vuelvo a repetir que no puedo? – Me bajé de la encima de un salto envolviendo mi cuerpo en mi ropa y salí rápido dejándola solo en la cocina
- ¿Me estás utilizando para desahogarte sexualmente o… quieres… quieres estar conmigo? – Gritaba mientras iba por el pasillo
- ¿Qué dices?
- Lo que oyes
- Deja de andar y escúchame – Me paré frente a él y vi su sonrisa torcida - ¿No te gusta cómo funcionamos en el sexo?
- ¿Cómo? – Mi boca se abrió y la sorpresa se metió en mi cabeza
- Me gusta estar contigo pero… creo que sólo funcionamos en el sexo. ¿No estás sintiendo nada más verdad? - ¿Qué le decía? ¿Qué creía que le estaba empezando a querer o qué me estaba convenciendo de que él sentía algo por mí?
- Yo… no… es que… - Agaché la cabeza sintiendo el calor en mis mejillas. Escuché una pequeña risa y le miré
- ¿Creías que esto era una relación? Siento que creyeras eso pero… ¡Dios!
- ¿Y las flores? Y… ¿la forma en qué me besas? Y… ¿Cómo me tocas?
- Sexo Susan. ¿Sabes lo que la palabra “Sexo” implica en una pareja sin ninguna relación fija?
- ¿Relación fija?
- ¿Qué pretendes? ¿Quieres que nos casemos después de acostarnos tres días seguidos? Eres increíble en la cama, mejor que muchas con las que he estado estos últimos días, pero de ahí a que tengamos una relación… No – Sonrió de nuevo y acarició mi cara – No eres la primera a la que le pasa – Pensé durante un momento qué decirle para no parecer desesperada y una niña enamorada de un actor
- Vete-de-mi-casa
- ¿Estás enfadada? No puedo creer que pensaras que tu yo…
- Fuera de mi casa – Le empujé por el pasillo hasta la salida
- Susan, quiero verte mañana. Esto no cambia nada ¿verdad? Me encanta lo que hacemos juntos – Le cerré la puerta en la cara y me apoyé en ella hasta caer al suelo para desahogarme a llorar. No podía ser. Un hombre que sólo quiere sexo no toca así, no besa así, no mira así… No me quería, sólo quería sexo…

Me levanté del suelo cómo pude y me fui al baño. Me restregué, casi hiriendo mi piel, con la esponja, para borrar todo rastro de sus manos en mi cuerpo, me sentía sucia y utilizada, aunque fuera por el hombre más guapo y deseado del planeta.

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Re: ¿Para qué me buscas? ¿Para qué me quieres?

Mensaje  lydinana el Mar Ago 17, 2010 1:21 pm

CAPITULO 4


-¿¿Susan?? Susan cariño.¡¡ No te lo vas a creer!! – Escuchaba la voz de Rebeca retumbando por nuestra casa mientras, envuelta en una toalla, miraba al suelo sentada en el borde de la bañera, pensando en qué hacer con esto y cómo contárselo a Rebeca para que no me dijera que “ya lo sabía” - ¿Susan? ¿Dónde estás? – Escuché sus pasos hasta que se paró en la puerta - ¡Susan!
- Ahora… ya… ya salgo – No pude ocultar la rabia, la vergüenza y el llanto en mis palabras
- Susan… ¿estás bien?
- Ehmmm… sí…. Ya voy… ya.
- Susan ¿Qué pasa? – Su voz empezó a sonar preocupada – Sal de ahí ¡Ya!
- Voy… voy – Me levanté de la bañera y me dirigí despacio hacia la puerta hasta que la abrí - ¿Qué te ha pasado Rebe? ¿Qué me ibas a contar que no te iba a creer? – Mi cara estaba hinchada, mis ojos rojos y quedaban algunas lágrimas alrededor de mis ojos
- ¡Nena! ¿Qué te pasa? – Agarró mi cara para que la mirara pero yo intentaba agachar la mirada hasta que me agarró fuerte y no tuve más remedio que dejar que viera mis ojos
- Nada
- ¿Te lo has tirado otra vez? Susan… ¿Qué te ha hecho?
- Nada
- Esto no es nada. Ha estado aquí ¿No?
- …
- ¡Joder! ¿Qué ha pasado Susan? Dime que ha pasado, por favor
- Me lo tiré ¿vale? Otra vez, sí. Me lo tiré en la cocina – Me deshice de su agarré y me alejé de ella
- Susan… no hagas esto. No te pongas así. Sólo quiero que me lo cuentes
- Ya te lo he contado – Entré en mi habitación y comencé a sacar ropa del armario
- Susan – Su voz sonó autoritaria y su mano cogió mi brazo con fuerza. La miré y vi que en realidad sufría por mí, como mi mejor amiga que es. Me dejé caer en la cama enterrando mi cara en mis manos, bajo su mirada. Las lágrimas volvieron cuando recordé lo que había pasado unas horas antes. Sentí su peso al lado de mi cuerpo y noté que se había sentado a mi lado
- No me digas “te lo dije” Por favor – Las lágrimas no me dejaban acabar la frase – No necesito eso, ya lo sabía, en el fondo sabía que me iba a hacer esto
- ¿Qué te ha hecho Susan? Dime que no ha hecho nada que tú no quisieras
- Me utiliza. Me utiliza cómo tú me dijiste. Sólo quiere desahogarse conmigo porque soy mejor en la cama que muchas niñas con las que folla cada día. Sólo soy una más…
- ¿Eso te ha dicho?
- Sí… después de hacerlo en la cocina, le dije que se quedara y me dijo que esto era una relación de sexo, que no le pidiera más. Yo pensaba que él y yo…
- Espera, espera… Dime que no te estabas pillando por él. Dímelo – Agaché la cabeza avergonzada y Rebeca suspiró - ¡Joder! Estás pillada por él
- No… es que… a lo mejor… sí. No lo sé
- ¿Quieres volver a verle después de lo que te ha hecho y después de dejarte así?
- Hay algo raro en esto. La forma en que me toca, la forma en que me mira… No son actos de un hombre que sólo busca sexo..
- ¡Quítatelo de la cabeza por favor! Te está haciendo daño. Tu naturaleza es enamorarte rápido y este tío tiene putitas dispuestas a satisfacerle en cualquier momento. No te hagas más daño Susan. Olvídate de él, Por favor. No pienses en como lo hace contigo, ni cómo te toca, ni nada... Date cuenta de cómo te dio 20 libras, supuestamente para un taxi, de cómo sale corriendo cuando termina de acostarse contigo… Mira cómo estás – Acarició mi cara despacio, retirando el pelo mojado de mi cara – No te hagas esto. Eres mi amiga y me duele verte así
- Yo pensaba que él…
- ¿Eras tú la misma que al principio decía que no era más que un muñequito? ¿Qué era un niño mimado con dinero? ¿Qué aunque te llamara no caerías? ¿Cómo puedes haber cambiado tanto? No deja de ser sexo. No has compartido nada con él, sólo… sexo… Sé que eres así y que eres muy enamoradiza, pero no te puedes enamorar de todo, sobre todo si te hace daño.
- Sí… tienes razón… creo que la tienes
- Pues hazme caso por favor…
- No creo que vuelva de todas maneras
- ¡No! No pienses que crees que no va a volver, simplemente, no le dejes volver. Está en tu mano amore – Se levantó de la cama besando mi mejilla – Si no lo haces tú, al final lo haré yo – Salió de mi habitación y me volví a derrumbar. Rebeca tenía razón. No sabía nada de él, sólo que en la cama era increíble y las pocas cosas que salían sobre él en los medios.

Pero… ¿Y sí dejara que esto no me hiciera daño? ¿Y si simplemente aguantaba sus desplantes y yo seguía satisfecha sexualmente? A lo mejor, sería capaz de comerme mi orgullo, seguir acostándome con él y… acabar llorando porque no quiere nada más conmigo. Por lo menos así le tocaría, le besaría, le sentiría, sabría que durante unas horas estaría solo conmigo, pero… el precio era alto: Seguir sufriendo. Pero Rebeca no podía enterarse, no quería que sufriera por mí.

Me quedé dormida cansada y con los ojos doloridos, pero la mañana me despertó. Necesitaba verle. ¿Por qué necesitaba verle? Necesitaba tocarle ¿Por qué lo necesitaba? Sólo me hacía daño y yo seguía queriendo estar con él. Era mala persona, mi mejor amiga me daba un consejo y yo no lo aceptaba y la engañaba, me sentía sucia y mala persona.

Ese día se me hizo largo, ni una llamada de él para planificar el polvo de la noche. Así que a mitad de tarde me armé de valor y le llamé yo misma.


-¿Sí?
- Amm… Robert… Soy yo
- ¿Susan?
- Si…
- ¿Pasa algo?
- No… sólo quería saber si… quizás querrías que nos viéramos esta noche
- ¿Has pensado lo que hablamos ayer? Pensaba que te habías enfadado conmigo y que no querías volver a verme
- Lo he pensado y creo… creo que buscamos lo mismo
- Quita pequeña, estoy hablando por teléfono – Le oí decir en bajo fuera del teléfono
- ¿Me decías algo? – Pregunté confundida
- Susan… sabes que estoy deseando verte… Estas fans no saben hacer lo que tú haces - ¿Estaba con otra mientras hablaba conmigo? Las lágrimas empezaron a salir de mis ojos mientras intentaba parecer calmada
- Pues… esta noche puedes… si quieres… puedes venir a casa
- Estás bien ¿no?
- Sí… sí… sólo… sexo ¿no? – Acaricié mi cara quitando las lágrimas de mis mejillas
- Claro. Esta noche te veo Susan.
- Te espero

¿Qué haces Susan? ¿Se estaba tirando a otra mientras hablaba contigo y tú llorabas? ¿Y sigues queriendo verle? ¡Estás enferma! Te está haciendo daño, tu amiga te lo dice y tú… ¿sólo piensas en tirártelo y qué pase lo que tenga que pasar? Esta no era la mejor solución


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Re: ¿Para qué me buscas? ¿Para qué me quieres?

Mensaje  lydinana el Mar Ago 17, 2010 1:22 pm

CAPITULO 5


“¿Podemos ir a tu casa? En la mía hay gente”


“Ok. Pero no puedo ir a buscarte”


Encima tenía que ir en bus. Increíble. Reconozco que era masoquista, sabía que había estado con una mujer hacía apenas unas horas y ahora iba a echar un polvo conmigo, y lo peor era que yo lo consentía, quizás era mejor tenerla así que no estar con él.

-¿Vas a salir? ¿Te encuentras mejor? – Rebeca estaba sentada en el sofá con su novio y se levantó cuando me vio salir de mi cuarto con el bolso al hombro.
- Sí… voy a dar un paseo… Me vendrá bien
- ¿Sola? – Preguntó extrañada
- Si… sola. Además… así estaréis solos.
- Por nosotros no lo hagas
- Tranquila. El paseo me ayudará a pensar
- Si quieres que vayamos a buscarte nos llamas – Asentí y salí por la puerta. Caminé despacio, guardándome del frío con mi abrigo hasta que llegué a la parada. Subí al bus que no tardó en llegar a la casa de Rob. Me puse en frente del portal, respiré hondo, un par de veces, y llamé. Pronto sonó su voz por el altavoz del portero.


- Pasa Susan – Abrió la puerta automáticamente y pasé despacio. Respiré varias veces mientras subía las escaleras pensando en cómo actuar cuando le viera pero llegué tan rápido que su cuerpo apoyado en la puerta y su media sonrisa hicieron que mis pensamientos bajaran las escaleras - ¿Cómo estás? – Agarró mi cintura con la mano que no sujetaba la puerta y me besó despacio en la mejilla. No le contesté, no sabía que contestarle - ¿Te guardo el abrigo? – Cerró la puerta y noté su pecho en mi espalda mientras sus manos desabrochaban despacio los botones de mi abrigo – Ayer me dejaste… no sé
- ¿Preocupado? – Deslizó despacio el abrigo fuera de mi cuerpo pero siguió pegado a mí
- No… - Claro, cómo iba a estar preocupado, si ya tenía a otra en su cama - …inquieto… pensaba que sabías lo que estábamos haciendo
- Lo sé… ahora lo sé – Volvió y mi cuerpo y lo pego a la pared del pasillo. Olió despacio mi cuello y mis manos cayeron muertas a los lados de mi cuerpo, ya no tenía ganas ni de acariciarle, estaba segura que después me echaría de su casa y hasta la noche siguiente
- No eres como las demás… - Lamió mi cuello despacio – No te puedes comparar con ninguna
- Eso se lo dirás a todas – Sonrió contra mi cuello y levantó la mirada hasta encontrar la mía
- ¿Estás celosa?
- ¡Amor! Te cojo una camiseta – Un voz femenina salió del fondo del pasillo, una rubia de casi dos metros de altura, piernas de infarto y ropa interior nos miraba mientras Rob resoplaba poniendo los ojos en blanco
- ¿La vas a vender?
- ¿El qué?
- Te quieres llevar una de mis camisetas, ¿Qué vas a hacer con ella? Os conozco, si no cuentas lo nuestro, venderás mi camiseta en ebay
- No… - Puso sus manos a cada lado de mi cabeza para apoyarse y lamió mis labios despacio – No puedo… - Quité la cara despacio y empujé su pecho
- No puedes ¿qué?
- No puedo seguir… con… esto. Yo no soy así – Puse su cuerpo apoyado en la pared de enfrente para mantenerlo alejado de mí
- Me voy. ¿Nos vemos mañana? – La rubia pasó entre medias de los dos y le comió la boca, pero Rob la agarró del brazo y se la quitó de encima
- Ni lo sueñes. Como tú tengo 10 más. – Miró como la rubia salía de su casa por la puerta y volvió a mirarme - No eres así ¿Cómo?
- Yo no soy de las que se acuestan con alguien porque sí… yo no…
- Lo estás haciendo – Sonrió y mis rasgos se endurecieron más
- No quiero hacerlo – Me levanté de la pared y anduve hacia la puerta pero agarró mi brazo
- No puedes dejarme así. Tú no me dejas Susan. Soy yo el que decide si quiero o no quiero. Y ahora he decidido que quiero contigo, aquí y ahora – Mi cara descompuesta le asustó y su sonrisa maligna se borró repentinamente – Lo siento… yo… ¡joder! Susan, lo siento… yo no quería… No quiero obligarte a nada… yo… ¡Joder! – Pegó su puño contra la pared, haciéndose daño
- Yo… no… no… será mejor que me valla… necesitas… estar solo –
- No te vayas
- Tarde – Abrí la puerta y bajé las escaleras corriendo sin mirar atrás
- ¡Vuelve Susan! – Oí retumbar su voz por algún lado de las escaleras - ¡Cómo quieras! ¡Puedo llamar a la que quiera y en menos de dos minutos la tendré gimiendo mi nombre, guapa!

Seguí andando cuando salí de su portal, no quería meterme en un autobús, no quería ver a nadie. Seguí andando sin pausa, casi corriendo, los pies me dolían y las lágrimas ya no me salían. El frío recorría mi cuerpo y la pena y la rabia absorbían mis pensamientos, hasta que un coche me pitó justo a mi lado.

-Susan sube al coche
- Te van a ver, déjame
- Es tarde y es de noche, no puedes andar sola por ahí
- No creo que te importe mucho
- Sube al coche. Siento lo que te he dicho – Siguió hablándome con el coche en marcha mientras yo no paraba de andar
- Te estabas tirando a otra y la guardabas mientras me obligabas a echar un polvo
- Puede que me haya puesto un poco… pesado pero… yo no te voy a obligar a nada y… ¿puedes dejar de gritar? Te vas a oír
- Déjame
- No quieres que te deje
- Si tantas ganas de follar tienes… llama a la que quieras y en menos de dos minutos la harás gemir tu nombre
- Te lo dije porque no me gustó que me dejaras. ¿A caso no quieres que te lo haga a ti?
- Ni si quiera me merece la pena el sexo contigo.
- Sabes que no es verdad. ¿Puedes subir al coche para que lo hablemos y mientras te llevaré a tu casa? – Me paré en seco y lo miré. Tenía una expresión dura y un poco avergonzada. Pensé durante un minuto y anduve despacio hasta el coche. Me monté y cerré la puerta dando un portazo, me miró y arrancó – Estás helada
- ¿Qué te importa?

Llegamos en silencio hasta mi casa, aparcando en el portal sin luz, debido a las obras que estaban haciendo y que nos habían dejado sin luz en las calles. Paró el motor y me miró

-Tienes que entender que soy un hombre joven y no puedo atarme a una relación ahora. Necesito libertad, tengo mucha presión y…
- No me des más explicaciones. Puedes hacer lo que quieras con tu cuerpo
- es que no quiero hacer nada con mi cuerpo, quiero hacerlo con el tuyo – Agarró mi cara y la acarició con su pulgar despacio
- No puedo estar aquí haciendo que te desahogues cuando tú quieras – Se abalanzó sobre mis labios y me rendí. Sus labios e movían calientes y seductores sobre los míos, su lengua dibujó la mía y sus dientes rozaron los míos. Agarró mi cintura con su mano libre y en un movimiento certero, sin separar nuestros labios, me subió encima de su cuerpo. Sentí su cuerpo arder, hasta encima de su ropa y su excitación era más que notable. Agarró mi espalda, aplastándome más contra él y mis manos se apoyaron en su pecho. Con una de sus manos hábiles desbrochó el botón de mis jeans mientras con la otra intentaba sacarlos de mis piernas, me levantó lo justo para que pudiera hacerlo. Bajé con mi lengua por su cuello y me separé para deshacerme de su camiseta para seguir lamiendo su pecho bajó sus caricias por todo su cuerpo y sus jadeos inundar mis oídos. Subí hasta su oído y lo mordí despacio mientras le torturaba con mis movimientos lentos sin quitar su pantalón, agarró mi cuello haciendo que mis dientes se hicieran más fuertes alrededor de su lóbulo. Mis movimientos se hicieron más frenéticos hasta que ni yo pude aguantar y bajé mis manos hasta su cierre, punto donde se empezaría nuestra locura.

Con nuestra ropa por algún lugar del coche empezamos el baile de cuerpos, Sus manos aprisionaban mi cuerpo haciendo que me rozara más contra él. Mi respiración se perdía en su boca y sus gemidos empezaban a subir de tono. El calor era insoportable dentro del coche a pesar de que en Londres hacía frío propio de un mes de Enero. Sus manos en mis caderas ya no seguían mi ritmo y supe que él estaba vencido. Abrí los ojos apoyando mi frente en su mejilla y su boca entreabierta le delataba. Quizás se acostaba con muchas pero estaba segura de que yo era la mejor y apostaría sobre eso.

Sus gemidos llegaron primero pero no me rendí y seguí moviéndome encima de sus temblores hasta que mi rendición vino de golpe. Mis gemidos se ahogaron en su cuello y sus manos acariciaban mi espalda, relajando mi cuerpo, todavía sobre el suyo. Dos minutos exactos duró el silencio.

-Baja
- ¿Qué?
- Vístete y baja del coche – Me colocó en mi asiento y me dio la ropa que buscaba como un loco por el coche. Me vestí con ganas de volver a llorar mientras se abrochaba sus jeans
- Soy gilipollas. Un polvo y fuera de tu coche. Como si fuera una puta barata. Así me haces sentir – Abrí la puerta cuando me puse mi camiseta de manga corta, no me importaba si pillaba una pulmonía y dando un portazo me metí en mi portal. ¿Cómo hacía para no volver a sufrir por él? ¿Un escarmiento? ¿Un susto? ¿O caería otra vez en esa boca?



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Re: ¿Para qué me buscas? ¿Para qué me quieres?

Mensaje  lydinana el Mar Ago 17, 2010 1:25 pm

CAPITULO 6


-¡Susan!¡Susan! ¡Espera! – Le oí entrando en el portal subiendo las escaleras detrás de mí
- ¿Puedes dejarme en paz?
- ¡No quiero! ¡Para! Espera y hablamos Susan – Me paré en seco y me di la vuelta para enfrentarme a él
- ¿Qué quieres?
- ¿Qué te pasa?
- ¿Qué? ¿Me preguntas que qué me pasa?
- Si, me preocupo
- ¿Qué te preocupas? – Oímos pasos desde abajo y vimos a una vecina subir las escaleras. Robert se apartó escondiendo su cabeza en la pared – Buenas noches Isabel
- Hola bonita ¿Cómo está tu madre?
- Bien, muy bien gracias
- ¿Y tus hermanos? – Me estaba empezando a aburrir de las preguntas de esa vieja inocente
- Bien, de verdad, todos bien
- Me alegro hija… - Subió las escaleras y cuando se perdió por el piso de arriba, Rob me volvió a mirar
- Siento no haberte dejado las cosas claras desde el principio, pero te consideraba una persona lista. No puedo andar detrás de ti todo el día… no necesito a alguien estable en mi vida. No por ahora.
- Sólo sexo – Dije riendo irónica
- Sólo sexo – Me reiteró riendo. Bajé los pocos escalones que nos separaban y me estampé contra su cuerpo empujándole hasta la pared más cercana haciendo que su espalda chocara con esta. Moví mis labios por su cuello notando su respiración y su calor con sus manos apretando mi espalda – Aquí no – Reclamó entre jadeos, pero yo no paré. Estas eran ahora mis leyes. Subí despacio mis labios hasta su oído torturándolo y gimiendo en él.
- Aquí sí. ¿No querías sexo? Aquí tienes tu sexo – Me quité la camiseta que me había colocado minutos antes dejando mi sujetador al descubierto, bajo su atenta mirada, ahora negra de deseo. Agarró mi cuello estampando fuerte su boca sobre la mía y noté su mano desabrochar el botón de mi pantalón para seguir con la cremallera, dejando que mis manos se deshicieran de su chaqueta de cuero y de su camisa, su gorra desapareció en un segundo.

Movió mi cuerpo hasta que mi espalda se estampó con la pared y sus labios bajaron hasta mi pecho. La sensación de poder ser vistos en cualquier momento no acaloraba más. Sus manos empezaron a acariciar mi cuerpo hasta que alcanzaron mi trasero para levantarme. Con la ropa justa y sin que fuera molesta, enrollé mis piernas en su cintura y tiré de su pelo mientras mordía mi cuello.

Así se empezó a mover en mi cuerpo. Le tapé la boca para que sus gemidos se amortiguaran en ella mientras los míos no salían por la barrera que creaba mis dientes mordiendo mi labio. Fue rápido y certero, por la excitación de ser descubiertos, pero igual de estimulador y placentero.

Respiré profundo esperando que fuera él que me bajara de su cuerpo y se fuera sin decir nada, pero después de casi cinco minutos en silencio, acariciándonos y encontrando nuestra respiración, me bajé de él, bajo su sorpresa y, recogiendo mi ropa, comencé a subir las escaleras sin mirar atrás, estaba haciendo lo que él me había hecho todos estos días.

- ¡Susan!
- ¿Ahora qué quieres? – Dije sin pararme. Noté cómo me seguía, subiendo las escaleras de dos en dos, mientras se abrochaba los jeans
- No lo sé, pero… no me dejes así
- ¿Todavía no te has desahogado? ¿Cuántas veces te has tirado a la rubia esa esta mañana? Dos conmigo y… ¿con ella?
- No… ¡Espera! – Metí las llaves en la puerta esperando que Rebeca me hubiera escuchado y saliera a mi encuentro, pero sentí su aliento en la nuca mientras abría la cerradura - ¿Puedo pasar? – Me desarmó de nuevo. Su roca, su olor, su aliento, su sola presencia era demasiado para mí, caía en sus encantos aunque no lo quisiera.
- No
- ¿Por qué?
- Porque no quiero
- No quiero sexo… quiero… sólo déjame estar contigo - ¿Cómo? Ahora quería estar conmigo. ¿Y este cambio de actitud?
- ¿A qué viene esto ahora?
- Ni yo lo sé – Terminé de girar la llave y abrí la puerta. Entré despacio buscando a Rebe en la casa pero no estaba. Gracias a Dios. Escuché sus pasos detrás de mí y la puerta cerrarse.
- Tienes cerveza en la nevera si quieres
- Gracias – Me metí en la habitación para ponerme cómoda y cogí la camiseta que me había puesto el primer día en su casa y le busqué en la cocina para dársela
- Toma. Tu camiseta
- Te dije que no me la devolvieras
- No me restriegues tu dinero por la cara. Llévatela, es tuya – Se la tiré a la cara y me metí de nuevo en la habitación. Me tumbé en la cama y me acurruqué para quedarme dormida. Que hiciera lo que quisiera en mi casa, que se fuera, que me robara, me daba igual, llevaba días haciendo lo que quería conmigo. Escuché unos pasos que se adentraron en mi habitación y sentí hundirse el otro lado de la cama.
- No pienso follar contigo ahora. No me apetece
- Eso no es lo quiero – Sentí más hundirse la cama y noté sus brazos rodear mi cuerpo
- ¿Qué haces?
- Abrazarte
- ¿Por qué?
- Porque quiero
- Eso no es lo que quieres. Lo que quieres es tenerla caliente todo el día
- No soy un enfermo sexual – Dijo ofendido y rodeó más mi cuerpo – Algo me pasa y no sé lo que es
- Vete a un psicólogo – Besó mi mejilla
- Duérmete - ¿Por qué se comportaba así conmigo de repente? ¿Qué había cambiado? ¿Estaba empezando a sentir lo que yo estaba sintiendo?




¡Joder! Los rayos del sol me despertaron, ya me iba a levantar de mal humor. Me restregué los ojos y escuché el sonido de una cremallera, cuando me di la vuelta, ahí estaba, vistiéndose de nuevo sin mirarme, dándome la espalda.

-¿Te vas?
- Si
- ¡Vaya preguntas te hago!
- Tengo prisa
- ¡Ya!
- Nos vemos esta noche
- No lo sé. No creo
- Me echas un polvo en las escaleras de tu piso y ahora me dices que no… Te espero en mi casa.
- No voy a ir
- No me hagas que venga a buscarte
- Ven si quieres.
- Mira… ayer estaba borracho y no sé exactamente lo que te dije pero… no pienses cosas que no son… Solo sexo ¿recuerdas?
- Tus cambios de humor me joden mucho
- Esta noche no pensarás lo mismo
- No voy a ir Robert. He quedado
- ¿Has quedado? – Se paró y me miró extrañado mientras se tocaba el pelo - ¿Con quién?
- No te importa
- ¿Te estás tirando a otro?
- Te he dicho que no te importa
- ¿Te estás tirando a otro mientras estás conmigo?
- ¿Cómo? Que yo sepa yo no estoy contigo, como tu no estás conmigo. Y me tiro a los que me de la gana igual que haces tú
- Te estás equivocando.
- ¿Yo? No, tú te estás equivocando conmigo
- Sé que está jodidamente loca por mí. Lo noto, como les pasa a todas, no intentes darme celos – Me levanté de la cama y me puse a su altura
- No sabes lo que son los celos, como no sabrás nunca lo que es estar loco por alguien. Por la única persona por la que estás loco es por ti mismo – Salí de mi habitación con la cabeza agachada y con alguna lágrima cayendo de mis ojos. Me había pillado, sabía que sentía cosas por él y aun así seguía utilizándome y yo seguía dejándome. Caminé pero algo chocó contra mi cuerpo.
- ¿Está aquí?
- ¿Quién? No
- Joder Susan… yo te aviso y tu vuelves a tirártele y mírate… sigues llorando por él…
- No lloro…
- No claro, lo que te salen de los ojos son mocos. Déjame – Me apartó despacio y se dirigió a mi habitación
- ¿Dónde vas?
- A dejarle las cosas claras a este gilipollas


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Re: ¿Para qué me buscas? ¿Para qué me quieres?

Mensaje  lydinana el Mar Ago 17, 2010 1:25 pm

CAPITULO 7

(Rebe)

-No lo hagas, por favor
- ¿Sales llorando de la habitación y pretendes que me queda quieta?
- Yo… lo estoy solucionando, de verdad, ya no… ya no me duele tanto
- ¿Qué lo estás solucionando? ¿Cómo?
- Le he dicho que tengo una cita esta noche
- ¿Pretendes darle celos? ¿Estás loca? Así te vas a hacer más daño - ¿En qué pensaba Susan? ¿No se daba cuenta que ese tío sólo la quería para el sexo? Bueno… si se había dado cuenta pero… ¿Por qué lo seguía haciendo? Bueno… porque sentía algo por él, pero… ¿Por qué? Me gustaría hacer que espabilara y se diera cuenta de cómo es ese tío.
- Mira… me voy… me da igual – La vi salir corriendo por la puerta, se había enfadado conmigo, pero es que no entendía que sólo quería protegerla de ese capullo, ella era alegre, divertida y ahora… casi siempre lloraba por haberse colado de este gilipollas. Respiré hondo y abrí la puerta de su habitación encontrándome a ese desgraciado sin camiseta y atándose las deportivas sentado en la cama de Susa.
- ¡Hola! – Me saludó el muy cínico
- ¿Hola?
- Emmm si, se dice cuando saludas a alguien
- No te hagas el gracioso conmigo. ¿Sabes que Susan a salido llorando?
- No la he visto, ha salido corriendo
- Ya, o no la quieres ver…
- Mira guapa… esto no te importa
- ¿Qué no me importa? Mi mejor amiga se está tirando a un mierda como tú, que la trata peor que a una puta sin importarte ni si quiera cómo se siente ella
- Te he dicho que no te interesa lo que hagamos – Esquivó mi cuerpo para salir pero cerré la puerta con mi espalda impidiendo que saliera
- No he acabado
- Ya, pues tengo trabajo así que si no te importa – Hizo el amago de coger el pomo de la puerta pero yo se la quité
- No quiero que la veas más. ¿Me entiendes? Ni sexo, ni polvos, ni llamadas, ni nada… no quiero volver a verla llorar, y menos por ti
- ¿Con quién ha quedado esta noche?
- No te importa
- Ahora si me importa – Acercó su cara a la mía – Dime con quien va a salir
- Te da igual, sea quien sea es capaz de partirte esa cara que tienes para que no le hagas llorar más a su chica – De repente todo fue muy rápido. Su boca se estampó contra la mía y sentí el dulce sabor de sus labios, ahí todo se desbarató. Mis manos volaron a su pelo y su cuerpo se apretó más contra mí, apoyando mi espalda más contra la puerta

Sus manos bajaron por mi cuerpo hasta encontrar la abertura de mi vestido. Su boca se movía feroz contra la mía, intentaba pararlo pero el calor que se metía por mi cuerpo no me dejaba.

Acopló su cuerpo al mío y sus manos se volvieron más ambiciosas. Mi vestido subía cada vez más y sus labios se perdieron por mi cuello, mordisqueando y lamiendo al mismo tiempo. El calor que recorría mi cuerpo se estaba alojando en mi vientre. Subió una de mis piernas a su cadera mientras yo le acariciaba toda la anchura de su espalda, sintiendo sus definidos músculos. Gemí cerca de su oído y sus caderas se empezaron a mover, pero, sin saber por qué, se paró. Ya no noté sus labios en mi pecho, ya no notaba su cuerpo tan apretado al mío… Sentí cierto alivio pero en, cierto modo, deseaba que siguiera.

-Lo siento. No… no… esto no está bien… no puedo – Sus palabras chocaron contra mi cuello.

Se separó despacio de mí, dejando mi pierna en el suelo, se acercó a la cama a coger su camiseta y salió de la habitación. ¿Por qué había hecho eso? Y ¿Por qué me había dejado yo? ¿Se lo debía contar a Susan aunque no haya pasado nada?




(Susan)

Estaba sentada en el autobús de camino a… algún lugar dónde pensar cuando un chico alto y moreno me hacía señas que yo no escuchaba, mi mp3 estaba demasiado alto. Me quité uno de los auriculares y le miré
-¿Quieres algo?
- Si, perdona, es que… te veo muy a menudo por el autobús ¿Eres de aquí?
- Si – Empecé a sonreír despacio. Esto me gustaba
- Soy Peter
- Susan – Me dio la mano apretando la mía fuerte
- Encantado
- Igualmente
- ¿Vas a… algún… sitio?
- La verdad es que no… Quería estar sola y…
- Lo siento, no te molesto más – Me sonrió y puso cara de vergüenza
- No, no… lo siento yo… quería estar sola pero, pensándolo mejor, no me apetece mucho
- Tienes los ojos rojos ¿Has llorado?
- No quiero hablar
- Lo siento – Agachó la cabeza para después mirarme - ¿Te apetece que vayamos algún lado?


Esa misma noche acabamos en su casa, después de pasar todo el día juntos, reímos, comimos, bebimos, llevaba mucho tiempo sin reírme con un hombre como lo estaba haciendo con Peter, pero como todo entre las relaciones entre hombre y mujer, acabamos en su casa.

Cerró la puerta tras nosotros, mientras no paraba de besarme. Sus labios eran grandes y se movían furiosos por los míos, pero no eran los de Rob. Sus manos acariciaban mi cuerpo, pero no lo quemaban como hacían las de Rob. No era Rob. Por alguna extraña razón, que parecía más clara cada día, no podía dejar de pensar en él, en su cuerpo, en sus brazos, hasta en su mirada cuando me dejaba tirada y se iba.

-No puedo… - Me separé de su cuerpo limpiando el resto de su saliva en la comisura de mis labios
- Pero… tu…
- No puedo lo siento. Yo… estoy… estoy pensando en otro y… no sería justo para ti… lo siento – Recogí mis cosas y salí de su casa dejándole, casi sin ninguna explicación, pero era mejor así. No podía jugar con los sentimientos de una persona que se había portado bien conmigo

Comencé a andar cuando escuché mi móvil sonar una y otra vez. Después de 10 minutos andando tenía 10 llamadas perdidas de Rebeca y 15 de Robert, mientras miraba la pantalla volvió a sonar otra llamada de Robert que cogí para que me dejara en paz

-Deja de llamarme. No quiero hablar con nadie
- ¿Dónde estás?
- Déjame
- ¿Dónde estás? – Paré frustrada y miré a mi alrededor. Estaba a dos calles de su casa
- Cerca de tú casa
- Ven a mi casa
- ¿No te ha quedado claro esta mañana que no quería nada contigo?
- Necesito hablar contigo
- NO hay nada de qué hablar
- Ven por favor
- ¿Qué quieres?
- Hablar… y verte
- No quiere follar esta noche
- He dicho que quiero verte y hablar. No he dicho nada de sexo

Colgué y volví a empezar a caminar. Sólo quería saber que me quería decir y después estaría acabado. Necesitaba pensar en otra cosa, en otra persona, en otro hombre.

Llegué despacio y entré en el portal abierto. Subí las escaleras y me lo encontré a poyado en su puerta

-Quería saber dónde estabas
- ¿Para eso me llamas?
- Rebeca no sabía dónde estabas y… estaba preocupada
- Pues ya sabes dónde estoy – Me di la vuelta para bajar las escaleras
- No, no… no me dejes solo – Agarró de nuevo mi brazo y pude ver su cara desencajada, sumida en vergüenza – He bebido… creo que mucho… y… no quiero... no quiero estar solo… yo lo siento… Yo… estoy… … - Empezó a restregar sus manos por la cara y apoyó su espalda en la pared
- …
- últimamente estoy algo solo y… necesito pensar en otras cosas… y a veces necesito compañía para no pensar demasiado…
- Ya… yo me voy…
- Sí, vete… déjame… tienes todo el derecho a hacerlo… - Me paré oyendo sus resoplidos bajo sus manos, que todavía tapaban su cara
- ¿Qué quieres qué haga? – Resoplé de indignación y lástima y me puse frente a él
- No quiero estar solo esta noche
- Debe ser la única que no quieras estarlo – Me miró desencajado con risa irónica y anduvo por el pasillo de su casa y cerré la puerta tras de mi para seguirle después, pero de repente se paró y agarró mi cara
- Bésame. Sólo bésame. No quiero nada más, sólo quiero comprobar algo
- No estás bien
- Sí lo estoy, bésame – Y ante eso no me pude resistir. Le besé despacio, pero en cuanto empecé ya no había vuelta atrás. Un calor se instaló en mi cabeza y en mi vientre haciendo que mis piernas temblaran. Agarró más fuerte mi cara y estampó mi cuerpo contra la pared.

Sentí su cuerpo pegarse al mí y en un segundo, mis pies ya no estaban en el suelo, me subió a su cuerpo y se sentó en el sofá. Yo mandaba encima de él. Era momento para darle del mismo veneno que me había dado él.

La ropa se esparció por su salón y mis caderas rozaron las suyas para que se moviera dentro de mí. Ahora estaba notando lo que me costaba admitir, pero era lo que yo quería. Yo le quería en mí, quería que me tocara y lo estaba haciendo, quería que me besara y lo hacía, quería que gimiera como lo estaba haciendo, gracias a mí, gracias a lo que mis movimientos le provocaban

-Yo… no… no quería… que… hiciera esto – Hablaba mientras rozaba mis labios casi sin poder respirar
- Cállate… - Me seguí moviendo hasta que se me ocurrió la mayor de las putadas que se le pueden hacer aun tío después de dejarle a medias -… ¡Peter! – Mis gemidos se hicieron más fuertes seguidos de los suyos… Miré su cara cansada y sudada pero sus ojos se abrieron de par en par, mientras intentaba respirar
- ¿Peter? – Preguntó confuso acariciando mi espalda

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Re: ¿Para qué me buscas? ¿Para qué me quieres?

Mensaje  lydinana el Mar Ago 17, 2010 1:26 pm

CAPITULO 8


-¿Peter?
- No he dicho nada – Terminamos respirando con dificultad mientras yo me hacía la desentendida
- Sí, has dicho Peter
- No… he dicho Robert
- ¿Ye lo estás tirando?
- ¿Qué te pasa?
- Contéstame. Te lo estás tirando ¿no?
- No es asunto tuyo – Me acerqué a su boca y lo besé
- Bien… - Me miró con sonrisa irónica – No me importa. Yo me he tirado a tu amiga – Los ojos se me abrieron de par en par y la mandíbula se me desencajó
- ¿Qué? – Me bajó de su cuerpo y se levantó del sofá tirándome una manta
- Esta mañana – Se fue a la mesa del salón y cogió su tabaco para encenderse un cigarrillo – Entró en la habitación hecha una fiera y… la tuve que parar
- No es verdad, Rebeca nunca… ella no…
- Ya. Nunca lo haría, pero lo ha hecho… - Fruncí mi ceño y mis ojos se empezaron a empañar – Tranquila, no es como tú – Se acercó a mí y me besó el cuello despacio, erizando de nuevo todo el bello de mi cuerpo – Sabes que eres la mejor - Me levanté deprisa del sofá pero su mano agarró mi brazo – 40 libras – Me dio el dinero en mi mano, la miré asqueada y le miré a la cara, con esa eterna sonrisa irónica – no puedo llevarte a casa. He quedado – Me soltó y me vestí deprisa bajo su mirada, Salí corriendo dejando su puerta abierta, las lágrimas resbalaban demasiado por mi cara como para que me viera.


Llegué a casa empapada, me había pillado la típica lluvia de Londres por el camino, solté las cosas del golpe en la entrada y busqué a Rebe por la casa

-¿Está tu novio?
- No… ¿Qué te ha pasado? ¿Llueve?
- Ese era tu plan ¿no?
- ¿Qué plan?
- Mi mejor amiga intenta ayudarme a librarme del hombre malo que quiere aprovecharse de mí. - Hablé en tono irónico mientras me limpiaba las lágrimas de la cara
- ¿Qué? No entiendo nada ¿Qué ha pasado?
- ¿Qué, qué ha pasado? Ja – Reí irónica
- Si, ¿me puedes explicar qué pasa?
- Tirártelo era tu plan. Tirártelo tu para que se olvide de mí
- ¿Cómo?
- Aunque me utilice sólo para follar no significa que yo no tenga sentimiento. Sí, me gusta, te lo confieso. A pesar de que me trate como una mierda y de que me pague después de echar un polvo, pero me mira, me besa, me acaricia… se que algo siente también por mi y que te hayas acostado con él, me jode, por él pero… más por ti, porque ere smi amiga y se supone que me ayudas…
- ¿Has acabado?
- Si – Resoplé
- No me he acostado con él ¿Eso te ha dicho? Pues te ha mentido. Yo tengo novio y no necesito a un tío como ese. Me besó, si te quedas más tranquila, pero nada más… Me dijo que no podía hacerlo… y se fue…
- ¿Dijo qué no podía? – Pregunté extrañada
- Sí… se fue… no pasó nada.
- …
- Y antes de que me digas lo siento… lo guardas… Desconfías de mí, creyéndote a alguien que te paga después de follar. ¿Eso es la amistad para ti?
- Perdóname Rebe…
- Duérmete… descansa… y piensa un poco…
- Yo… sé que no sirve de nada pero… lo siento – Me dejó sola en la cocina y me sentí avergonzada. ¿Por qué me había mentido Rob? ¿Por qué se había inventado que se había acostado con Rebe?




El sonido del móvil me despertó, un mensaje sonó.

“Tengo una entrevista esta tarde. ¿Me ayudas a relajarme?”

Gilipollas. Estaba jugando conmigo. Claro que le iba ayudar, no sabía cómo le iba a yudar.

“¿En tu casa?”

“No. Voy a la tuya en una hora”

Genial, además lo tenía en mi territorio. Me duché y me vestí esperando que llegara la hora pero tenía que planear que podía hacer para molestarle, aunque luego le iba a pedir explicaciones. ¿Y si le dejaba a medias? No, él nunca me había hecho eso ¿Y si le pagaba? No, mi economía no era muy desahogada como para pagarle a un rico. ¿Y si no disfrutaba? Iba a disfrutar claro, pero… ¿Y si fingía no sentir nada? ¡Ja! Payada en la boca.

El timbre de la puerta sonó y fui a abrir, encontrándomelo, con camisa y americana, detrás de la puerta, dispuesto a follar e irse a su entrevista

-Tiene que ser rápido ¿Vale? – Besó mis labios fugazmente y entró en mi casa
- No sé cómo tienes el valor de volver a mirarme a la cara
- No hay tiempo que perder

Se estampó contra mi cuerpo y me besó con demasiada pasión. Se desvistió el mismo mientras yo agarraba su pelo con fuerza. Levantó mi cuerpo y lo puso encima de la gran mesa del comedor, tirando al suelo lo que había encima. Mi ropa desapareció bajo sus manos, mientras yo intentaba frenar mis gemidos contra mis labios, sus jadeos retumbaban en mi boca. Si quería llevar a cabo mi plan tenía que fingir pero sus caricias, sus besos y sus movimientos eran demasiados para no hacerles caso.

Su cuerpo se encajó en el mío y aguanté mi gemido como pude, reí un poco al oír el suyo y sus movimientos se hicieron certeros. Separó su cabeza del hueco de mi cuello y me miró, era la hora de actuar. Puse cara de aburrimiento mientras el calor se agolpaba en mis mejillas

-¿Pasa… algo? – Preguntó con dificultad
- Nada – Dije sorprendida de mi voz serena

Siguió moviéndose pero yo ya no tenía control. Escondí mi cabeza en su hombro para que no me viera y me mordí fuerte los labios ahogando el orgasmo más brutal, pero no paró. Sus caderas siguieron moviéndose hasta que su orgasmo llegó hasta mis oídos.

Seguí moviéndome para que creyera que buscaba más, pero la verdad es que estaba muerta. Me levantó la cabeza de su hombro y me besó despacio. ¡Dios! Sus labios moviéndose despacio sobre los míos, eran los mejores labios que me habían besado y de la mejor forma. Sentí algo por mí, aunque fuera pena, pero un hombre no besa así a una mujer sino siente algo.

-¿Qué tal? – me preguntó mientras se separaba de mi cuerpo
- Bueno… - Dije poniéndome mi camiseta, todavía encima de la mesa
- ¿Cómo que “bueno”?
- Los he tenido mejores
- ¡Dios! Eres frustrante – Se abrochó el pantalón – Me voy
- Si quieres le digo a Rebeca que quieres quedar con ella, a lo mejor ella lo hace mejor que yo
- No creo
- ¿No crees? Lo deberías saber
- Quiero decir que… que… no… no lo hace mejor que tu
- No… has dicho que no crees
- …
- No te acostaste con ella
- ¿Eso dice ella?
- Dímelo tú. Dime la verdad. Dime porque haces esto. Dime porque me tratas así. Cuéntamelo todo y prometo no juzgarte
- ¡No! – Se puso la americana y caminó por el pasillo
- ¿Tienes miedo a algo? – Se dio la vuelta y me miró – Cuéntame porque me tratas así. Merezco una explicación – Las lágrimas se mezclaron en mis ojos y su cara se volvió dura. Comenzó a andar de nuevo hacia mí hasta que agarró mi cara con sus manos


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Re: ¿Para qué me buscas? ¿Para qué me quieres?

Mensaje  lydinana el Mar Ago 17, 2010 1:27 pm

CAPITULO 9


- No vas a conseguir mi dinero – Susurró despacio cerca de mi cara
- No quiero tu dinero
- Siempre oigo lo mismo… siempre me dicen lo mismo
- ¿Eso es lo que te pasa? ¿Tienes miedo de qué te utilicen? ¿Por eso me tratas así? – Agachó la cabeza y se alejó de mi – No, no te vayas – Agarré su brazo y me miró con gesto duro
- No tengo miedo de nada, pero no quiero que se aprovechen de mí, así que… ten – Me lanzó el dinero encima de la mesa – Soy yo el que se aprovecha de ti. Tenlo claro
- Gracias. A partir de ahora me pagas, si para ti soy una puta más. Págame. No voy a dejarte satisfecho todos los días y me pagues con tus desplantes
- No te preocupes. Tendrás tu dinero – Salió por la puerta y no pude más que llorar. Me había dado dinero y yo se lo había cogido y le había pedido más. ¿En qué estaba pensando?

Me acurruqué en el sillón sin poder parar de llorar hasta que escuché abrirse la puerta. Unos pasos se acercaron al salón y pude ver a Rebeca entrando despacio.

-Hola – Me dijo muy seria tirando las llaves encima de la mesa
- Hola – Le contesté secándome las lágrimas para que no viera que lloraba
- ¿A estado aquí? – Asentí – Lo sé porque te ha pagado – Las lágrimas salieron con más fuerza y noté sus pasos rápidos hacia mí – Lo siento, lo siento – Me abrazó fuerte y enterré mi cara en su hombro – No llores más. Encontraremos la manera de solucionar esto, ya lo verás
- No sientas nada. La que tiene que sentirlo soy yo.
- No. Shhh… No pienses en nada. Deja de llorar – Me cogió la cara y me secó las lágrimas con sus pulgares – Esta noche nos vamos tú y yo a quemar Londres. Esta noche tú te vas a la cama con un príncipe azul que tiene que pasar la inspección de tu amiga Rebeca ¿Qué te parece?
- No lo sé – Reí agachando la cabeza
- Si lo sabes. Cenamos juntas y luego de pubs. Toda la noche. Tú y yo.

No me pude resistir. Una noche de fiesta con Rebeca era que te olvidaras de todo sin importar lo grave del problema. Comimos juntas, nos fuimos de compras por la tarde y llegamos a casa para vestirnos. Ella un vestido muy escotado y corto, dejando que se vieran sus largas piernas; Yo unos jeas pitillo ajustados con unos botines de tacón y una camiseta de manga corta blanca con bolsillo y una cazadora de domador de cuero.

Cenamos tranquilamente mientras recordábamos cómo nos conocimos, nuestros primeros novios, nuestras primeras veces… Hizo que se me olvidara los últimos días y de los malos sentimientos que se me agolpaban en la cabeza. Terminamos de cenar y fuimos a un bar dónde arrasamos con las cervezas. Salimos tambaleándonos pero sin parecer alcohólicas hasta que encontramos un buen pub. En la puerta los vigilantes nos sonrieron y nos dejaron pasar.

Buen ambiente, buena música, mucha gente y… alcohol. Rebeca y yo encontramos un hueco en la barra e intentamos no dejarlo de ninguna de las maneras. Seguimos bebiendo mientras bailábamos sin dejar de reír, pero una mano en mi cintura me sacó de mis movimientos

-Perdona – Me di la vuelta y me encontré con un chico moreno que sonreía
- ¿Sí? – Se acercó a mi oído
- 40 libras. Te espero en el baño
- ¿Qué? – Golpeé su cara y se alejó calmando su dolor con su propia mano
- ¿Qué ha pasado?
- Debo llevar “PUTA” escrito en la cara porque me acaba de decir que me valla al baño con é
- Gilipollas. Ahhh… Me encanta esta canción – Rebe cogió mi mano y la levantó para que volviéramos a bailar

-Hola – Escuché un susurro más en mi oído, parecido a los 20 que ya había escuchado en toda la noche. Me giré desganada sabiendo que era otro tío que me quería invitar a algo pero fue peor
- ¿Qué haces aquí?
- Lo mismo que tu, creo
- ¿Esta noche no follas?
- La chica de la que me aprovecho, por lo visto, tiene planes
- Eres un gilipollas Robert

Le di la espalda y volví a bailar con Rebe que hacía tonterías con la cara para que no le mirara. Cuando volví a mirar de reojo, ya no estaba a mi espalda, ese puesto lo ocupaba otro rubio de ojos verdes que no dejaba de mirarme

-Susan – Rebe me golpeó las costillas – Ese rubio te mira- Es tu oportunidad. Si te ve se va a morir
- No… yo no soy así… no puedo
- Si puedes – Empujó mi cuerpo y me choqué contra él. No tuve más remedio que pedirle perdón
- Lo siento, soy muy torpe
- Y muy guapa
- Gracias
- ¿Quieres tomar algo?
- Ehmmm… ¡Claro!
- ¡3 chupitos por favor!

Pidió bebida para las tres pero Rebe pronto se quitó del medio, mientras los tíos babeaban por sus piernas. Estuvimos hablando durante un rato hasta que le vi detrás de su cabeza, en una de las esquinas del local, mirándome por encima de su cerveza cuando bebía, así que era mi momento. Me acerqué a ese rubio coqueteando como no sabía hacerlo y en menos de dos minutos ya me estaba comiendo la boca. Sus labios estaban húmedos y blandos. Su cuerpo se apretó al mío y perdí el sentido de lo que estaba haciendo.

Sus manos reposaron en mi cuerpo y las mías sujetaban su cabeza, cuando un empujón en su espalda hizo que paráramos y miráramos al causante del empujón, ese hombre que se estaba aprovechando de mí, ahora estaba celoso y había pasado por detrás de mi rubio para empujarnos.

Tras media hora sin despegarme de sus labios, mi rubio se fue al baño y me quedé sola en la barra esperándole, pero otro tío me borró la sonrisa de golpe.

-Perdona. Se lo que haces. Mi amigo me ha dicho que eres la mejor de Londres. Te doy 100 libras por esta noche
- ¿Qué? ¿Qué amigo? – Miré por encima de su hombro y un malicioso Rob se reía mientras escondía sus ojos debajo de su gorra
- ¿Qué me dices? Quiero ver si lo que dicen de ti es verdad
- ¿Lo que dicen? – Un dolor terrible en el estómago se instaló y no pude más que empezar a llorar y salir corriendo. Salí corriendo lo más rápido que pude, no sabía dónde corría pero corría. No veía dónde estaba, no sabía dónde estaba… Mis ojos se nublaron y mi cabeza daba vueltas. Conseguí un taxi que me dejó en mi casa y subí las escaleras arrastrándome hasta alcanzar el sofá. Me retorcí encima de dolor y de pena. Me la había devuelto y ahora, peor. Me había hecho sentirme como una verdadera puta.

Tras varios minutos llorando en el sofá sin parar oí unos pasos por el pasillo ¡Mierda! No había cerrado la puerta

-¿Susan? – ¡Mierda! Robert - ¿Susan? – Vi su cuerpo entrar en el salón y mirarme fijamente quieto desde la entrada - ¿Susan? – No contesté. Acurruqué mi cabeza más en el sillón y escuché sus pasos acercarse a mí
- Déjame. Así quieres verme ¿No? Pues así estoy. Esto es lo que has conseguido. Soy una puta, soy tu puta y la puta de tus amigos – Sentí su mano en mi mejilla que acariciaba despacio
- No digas eso
- No intentes calmarme, ya lo has hecho. Si era una broma, no tiene gracias y si es porque eres así… eres la peor persona que he conocido en mi vida
- No entiendes nada
- ¿El qué? ¿Tu humor? No quiero entender ese humor que tienes, no quiero joder a la gente con esas bromas como lo haces tú – Noté que el peso de su cuerpo desaparecía y abrí los ojos notando que se había arrodillado. Su mano se volvió a mover sobre mi mejilla
- No llores. Soy un gilipollas. Tienes toda la razón y ahora se que esto se me ha ido de las manos. Intentaba protegerme, protegerte, pero… no se que he hecho
- ¿Protegerme? Estás enfermo
- Sigues sin entender nada
- Eres un mierda, tratando a una mujer así, sea cual sea tu razón
- Esta mañana tenías razón. Tengo miedo

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Re: ¿Para qué me buscas? ¿Para qué me quieres?

Mensaje  lydinana el Mar Ago 17, 2010 1:28 pm

CAPITULO 10

- Esta mañana tenías razón. Tengo miedo
- ¿Los mierdas tenéis miedo?
- Insúltame todo lo que quieras. Me lo merezco
- Te mereces que mañana grite a tus fans que su ídolo es capaz de hacer con una mujer
- …
- …
- ¿Puedo explicarme? – Guardé mi cara de su tacto más en la almohada y mi cuerpo se colocó en posición fetal. Él se sentó en el suelo, apoyando su espalda en los bajos del sofá y dejó caer su cara hacia atrás en el sofá – Soy un mierda. Tienes toda la razón. Te he utilizado cuando no era lo que quería. Al principio sólo quería… yo nunca he hecho esto antes y menos tratar a una mujer así, contando que no ha habido muchas mujeres en mi vida.
- …
- Me Siento solo… paso mucho tiempo solo y en realidad me encanta pero… necesito a alguien y… no sé porque te llamé, sabía que seguías en Londres y… no se. Al principio todo iba a ser… rápido: Volver a verte,… desahogarnos…, pasarlo bien, pero actué mal sin motivo alguno… y empezó lo peor… no dejaba de pensar en ti… - Moví mi cabeza para desenterrarla de la almohada y miré su pelo con mi ceño fruncido – Sentía cosas que no… yo no sé… no sé cómo explicar. Yo… ¡Joder! – Llevó las manos a su cara y las restregó – He sido un gilipollas. Te he tratado de la peor manera que se puede tratar a una persona, y sobre todo a una mujer, y… no sé qué más decirte
- Eso no es un motivo para el trato que me has dado
- Creo que no quería… yo no quería que pasara lo que ha llegado a pasar… yo… no estoy preparado para esto…
- ¿Para qué? - Seguí extrañada
- Yo, desde la primera vez que lo hicimos, sentí algo… nadie me había dado lo que me diste ni me habían tocado así y… pero yo no quería que te metieras en mi mundo y yo no quería meterte
- ¿En tu mundo?
- Se cómo sufre la persona que está a mi lado. Lo he vivido. Me dejó abandonado y queriéndola. No me dio explicaciones ni me dejó que lo solucionara. Me dejó en plena promoción…
- …
- Llevándose el dinero que guardaba en mí casa
- ¿Cómo?
- No era mucho pero… el hecho es que… creo que no me quería
- ¿Quizás lo hacías para que yo no sintiera nada por ti? – Sentía curiosidad y algo de pena. Un pobre niño rico que no tenía nadie a su lado en quien confiar
- Quizás… pero lo has hecho ¿no? – Miró mi cara son su misma posición, al revés. Me avergoncé y le miré desganada – No eres la única… tú no eres como nadie que haya conocido antes…
- No… no me… - Negué mientras me quitaba las lágrimas de la cara. ¿Yo le gustaba? ¿Sentía algo por mí? – No digas nada… no mereces que te escuche
- Lo se – Se quedó en silencio durante uno segundos, pero no podía dejar que se quedara ahí. Necesitaba que se fuera para poder llorar libremente – Soy gilipollas, soy un cabrón, te he hecho daño y no sé qué hacer para que me perdones
- Entiende que no puedo perdonarte
- Lo entiendo, pero… no quiero creerlo.
- ¿Por qué me pagaste?
- Tu me lo pediste.
- No, la primera vez.
- Necesitaba dinero para volver a casa y…
- Vale…
- Esa rubia… la de mi casa… no… no me la tiré – Se me abrieron los ojos de par en par – No pude… no dejaba de pensar en dónde estabas… y qué hacías y que luego llegarías a mi casa… No hice nada con ella y… antes de que se fuera… la pedí que se quedara hasta que tu llegaras. Supuse que sentirías celos
- Ya… ¿y la del teléfono?
- La misma… Intentaba… ella… bueno – Se calló avergonzado cerrando los ojos
- …
- Con tu amiga pasó lo mismo. Intenté acostarme con ella, lo iba a hacer, lo tenía decidido, iba a darte celos… pero… tampoco pude… No… otra vez pensé en ti… y…
- Déjalo
- Miedo… eso es lo que sentía. No quiero que nadie me vuelva a hacer daño… no quiero que jueguen conmigo, que se lleven mi dinero o que cuenten cómo lo hago… y no quiero que se metan en mi mundo, mi mundo arruina sentimientos…
- No quieres que te hagan daño, pero vas haciendo daño a la gente
- No sabes cuánto lo siento. No te imaginas lo mierda que me siento
- Lo de esta noche ha sido… eso ha sido lo peor… se me han acercado tres tíos, enviados por ti, y … - Mis lágrimas salieron de nuevo - ¿Sabes cómo me has hecho sentir? Me has hecho sentir como una puta, una puta barata que se tira a un famoso…
- Para, para, para… - Se levantó del suelo y se puso de rodillas – Deja de llorar por favor… no, no, no quiero verte así… sé que he sido yo el que te ha hecho esto pero… deja de llorar – Agarró mi cara con sus manos y limpió las lágrimas con sus pulgares
- No necesito que me seques nada – Aparté sus manos y las apoyó en sus rodillas, agachando su cabeza - Unos segundos después volvió a sentarse apoyando su espalda en el sofá, dejándome ver su nuca, hasta que volvió a echar su cabeza atrás, recostándola al lado de la mía. El silencio duró varios minutos en lo que sólo se oía mi llanto.
- Me voy. No puede verte llorar así y que no me dejes hacer nada…
- Ya has hecho bastante ¿no crees?
- Ojalá pudiera hacer algo para que me perdones
- No lo creo…
- Al menos he conseguido que me odies… aunque sea yo el que acabe loco – Levantó su espalda del sillón y después se levantó. Le miré mientras caminada lejos de mí, hasta wue se dio la vuelta para mirarme - ¿Puedo llamarte mañana para saber cómo estás?
- No creo que debas llamarme
- Sólo quiero saber cómo estás
- Adiós

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Re: ¿Para qué me buscas? ¿Para qué me quieres?

Mensaje  lydinana el Mar Ago 17, 2010 1:28 pm

CAPITULO 11

-“Ehh… Soy yo, Rob, te he dejado 5 mensajes y llevo 2 días sin saber nada de ti. Estoy algo preocupado. Por si no te diste cuenta… creo que me declaré y… que no quieras saber nada de mí… lo entiendo pero… Déjame que te recompense con… no sé lo que quieras. Aunque sea háblame… dime lo que piensas sobre lo que te dije… insúltame… no sé… Estoy aquí”


Me moría de ganas por hablar con él pero me había hecho mucho daño. Me sentía una cualquiera, él me había hecho sentir cómo una cualquiera. Llevaba dos días metida en casa, con las zapatillas de peluches, mi pijama corto y una tarrina grande de helado de chocolate, sustito del sexo.

- ¿Otro día igual? – Miré a Rebe mientras chupaba mi cuchara
- No me apetece salir
- No puedes estar así. Ya te has desecho de él ¿no? Pues ya está… a disfrutar de la noche – Tiró de mi mano para intentar levantarme del sofá pero puse resistencia – No, no… ¿qué pasa? Algo pasa que no me has contado
- Nada
- ¿Seguro? – Asentí metiendo una gran bola de helado en mi boca – No puedo dejarte así
- ¿Vas a salir?
- Si… ese encanto que tengo por novio, me va a llevar a cenar… ¿te lo puedes creer?
- Que te lo pases bien. Vas preciosa – Se levantó del sofá y empezó a girar sobre sí misma sonriendo
- ¿Verdad? A ver si lo estreno – Me guiñó el ojo y camino hasta la salida

Los minutos pasaban y el helado se me acababa, como la lista de películas por ver. Llevaba dos días en casa y ya me había visto más de la mitad. Me levanté hacia la cocina en busca de más helado pero… no quedaba. Resoplé aburrida en frente del congelador y bajé corriendo a la tienda de la esquina. Compré un par de tarrinas más, pipas, coca cola y guarrerías para pasar el rato. Subí despacio las escaleras, escuchando mi móvil en el bolsillo del pantalón sonar sin parar, pero no podía cogerlo, las manos las tenía llenar de tonterías.

Subí los últimos escalones casi corriendo y cuando llegué a mi piso me encontré a ese hombre que me paralizaba el corazón de las dos maneras posibles: haciéndome daño y teniéndome. Parecía preocupado, con su móvil en la mano, resoplando y entrando y saliendo de mi casa agarrándose el pelo. Me quedé quieta en la primeros escalone, mirándolo desde abajo, parecía más que nervioso, pero… ¿qué hacía mi puerta abierta? Miró hacia todos los lados hasta que me vio…

-¡Joder! – Bajó las escaleras hacia mí y se paró mirándome de arriba abajo - ¿Dónde estabas? Estaba preocupado. ¿Y qué hacías con la puerta abierta?
- La pregunta es. ¿Qué haces en mi casa? Y ¿Por qué está la puerta abierta?
- Venía a ver cómo estabas. Supuse que no querías verme, pero… tampoco contestabas al teléfono de casa y aquí tampoco y subí… vi la puerta abierta, entré y… ¿No la has visto?
- Estaba comprando… ¿Qué le has hecho a mi casa? – Aparté su cuerpo con mi hombro y terminé de subir los escalones hasta que entré en mi casa. Los muebles estaban tirados por los suelos, los papeles esparcidos por toda la casa. Los objetos de valor habían desaparecido, las paredes manchadas, faltaba la tele y el dvd… - ¿Me han robado? – Pregunté confusa
- Eso parece. Menos mal que no estabas en casa. A saber lo que te podría haber pasado

Dejé las cosas en la encimera de la cocina, con todos los tarros de comida tiraba encima y me apresuré al salón para empezar a recoger todos los desperfectos, cuando me quise dar cuenta Rob me estaba ayudando al otro lado del salón

-¿Te puedes ir?
- Te acabar de robar en casa ¿Quieres que me vaya? – Preguntó irónico
- Sí – En mi interior no quería que se marchara por esa puerta
- No me voy… Mira como está todo.
- Puedo arreglarlo sola.
- No puedes quedarte aquí. ¿Y si vuelve?
- ¿Quién?
- El que haya hecho esto
- No seas tan protector porque no te pega nada, sobre todo después de saber cómo te comportas con las mujeres
- ¿No me escuches? – Se puso de pie, ahora estaba indignado – No sé qué hacer para que me perdones, no sé qué decirte, no sé…
- ¿Sabes lo que puedes hacer? – Me levanté y me acerqué a él irónica
- Qué. Lo que tú me pidas
- Lárgate. Olvídame. Sigue con tus juegos con otra pobre niña que se muera por tus huesos y deja de hacerme daño
- No entiendes que me estoy rebajando a pedirte perdón…
- ¿Rebajando? – Pregunté más indignada - ¿Venir a hablar conmigo lo llamas rebajarte?
- No, no pongas palabras en mi boca que yo no he dicho… no me rebajo hablando contigo… me refiero al orgullo de un hombre… no sé… no sé qué estoy hablando pero no he dicho eso
- Mira, déjalo de verdad… no nos hemos conocido… - Le di la espalda caminando hacia la puerta y le señalé con la mano – Fuera
- ¿Es lo qué quieres? Quieres que no nos veamos más
- Quiero que dejes de hacerme daño y creo que la única manera de conseguirlo… es… no verte...
- Bien... tu ganas... - Salió por la puerta y se paró para mirarme – Dame una oportunidad. Empezaremos de cero. Te demostraré que no soy cómo crees – Negué con la cabeza agachándola - ¿Lo ves? – Comenzó a levantar la voz – Me estoy rebajando, me estoy bajando los pantalones delante de ti. Nunca lo he necesitado y ahora lo que hago por tí, ni si quiera me escuchas
- Ese es el problema, que te he escuchado durante mucho tiempo, “que sólo es sexo”, “sexo sin compromiso”, “Qué esperabas, que fuera tu príncipe”, “Baja del coche” después de echar un polvo, esas son tus frases célebres… ¿tengo que escuchar alguna humillación más?
- ¿Quieres otra? Yo he hecho todo esto. Si, el robo. Un amigo mío te lo hizo, era mi plan. Quería ayudarte con el robo, pasar tiempo juntos, que vieras que no soy un cabrón…
- ¿Qué no eres un cabrón? ¿Has robado mi casa para qué te perdonara?
- No, sólo lo he hecho para ayudarte, para que vieras que puedo ayudarte… que quiero… que… no sé… que estemos juntos… que siento todo
- Ahora sí que la has cagado si piensas que robar mi casa es hacer un acto de hombría para conquistarme o algo así… estás jodido. Eres más cabrón y gilipollas de lo que pensaba. Y pensar que casi caigo y te perdono… - Le cerré la puerta en la cara. Esto era demasiado. Había hablado con un amigo para planear el robo de mi casa, así Robert me ayudaría y yo volvería a caer rendida en sus brazos






-¡¡¿¿Qué??!!
- ¡¡¡Que sí!!! Que tengo trabajo cariño… me lo ha encontrado ¿No es genial? – Escuché voces en el pasillo y, debido a la conversación, me levanté y anduve hasta el comedor
- ¿Qué pasa aquí?
- Ha encontrado trabajo, mi querido novio ha encontrado trabajo
- …bueno… me lo han encontrado, di todo
- Sí… bueno… ha sido tu amigo… al final no va a ser tan malo
- ¿Robert?
- Sí… me ha conseguido una audición de enchufe y ¡¡me han cogido!!
- Me alegro mucho – Le abracé y mirando sobre su espalda, me di cuenta que ya había tele, equipo de música y DVD - ¿Y eso?
- Rob nos ha contado lo que pasó porque ayer cuando entramos no vimos nada raro…
- … bueno… no vimos nada porque estábamos más que borrachos Jajajaja
- Sí y esta mañana a traído estas cosas. ¡¡Nos las ha regalado?
- ¿Nos ha regalado una tele?
- Si, y una cadena de música…
- Llámale y dile que no necesitamos que nos compre nada
- Llámale tú. Es tu “Amigo” – Volví a la habitación más enfadada que la noche anterior. Cogí el móvil y le llamé, le iba a dejar claro que no quería sus limosnas



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Re: ¿Para qué me buscas? ¿Para qué me quieres?

Mensaje  lydinana el Mar Ago 17, 2010 1:29 pm

CAPITULO 12


- ¿¡Quieres dejar de meterme en mi vida!? Creo que dejé claro que no quería que te acercaras a mí
- Buenos días
- Cínico
- Yo no necesito tu ayuda y ellos tampoco así que… ¿quieres que te vuelva a repetir que nos dejes en paz?
- Sabes que no puedo
- No actúes conmigo…
- No estoy actuando
- Mira, déjalo… sólo te llamo para que no nos des tus limosnas, aunque me alegro de que hayas arreglado lo que tú mismo destrozaste
- Bueno… yo no fui… pero si lo organicé…
- No me importa
- ¿Por qué no dejas que te expliq…?
- ¡No! No lo necesito… adiós
- ¡¡No me cuelgues!!
- Tienes a millones de tías en todo el mundo que se mueren por ti y… ¿no eres capaz de dejarme en paz?
- Necesitamos hablar
- ¿Qué? ¿Qué necesitamos hablar? Ja – ja – ja – Reí sarcástica– si tienes mala conciencia, en las iglesias hay sitios donde te puedes confesar…
- No me trates así…
- ¿Cómo? – Mi indignación está subiendo de nivel – ¡¡¡Tienes la cara de pedirme que no te trate así!!!!
- Te he perdido perdón… te he contado todo lo que no he hecho… ¿qué más quieres? … Sólo quiero hablar. Quizás si me dejaras explicarme… a lo mejor…
- No tienes explicación…
- Sí la tengo
- Bien… - Volví a mi tono irónico – Dime que explicación tienes para intentar que una mujer se acueste por dinero con tus amigos… ¿Tienes explicación para eso? Dime que explicación tienes para acostarte conmigo y después pagarme ¿Eh? Dime que explicación hay para que después hacerlo me eches de tu casa y de tu coche como si fuera una zorra más… ¡Explícame!
- …
- ¿No me explicas?
- …
- ¡Bien! Esa es tu explicación. ¿Quieres oír la mía? Tu dinero y tu fama. Te aprovechas de las niñas tontas e ingenuas que piensas que después de una noche contigo te casarás con ellas…
- Que sea famoso no significa que sea así
- ¡Pero…! ¿¿No te das cuentas que eso es lo que me has demostrado?? Me has utilizado, me has pagado, me has hechos sentirme mal, sucia… ¿No lo entiendes?
- Yo no soy así… son las circunstancias. Si me dejaras que te explique…
- Robert… no quiero que me hagas más daño…
- Por eso mismo… necesito contarte… explicarte…
- No puedo… No te lo mereces
- Susan… sólo una vez, la última… Me explico y si quieres me pegas o… me insultas o… lo cuentas todo en una revista… pero… déjame.
- …
- Ahora siento vergüenza
- ¿…? – Me quedé extrañada
- No se… yo… yo no… no soy así… de verdad… yo…
- …
- ¿Estás ahí Susan?
- …
- Entiendo. Lo entiendo todo. Me jode porque me gustaría demostrarte lo que soy de verdad y… ¡Joder!
- …
- Dime qué tú también lo sentiste
- ¿El qué?
- Esa cosa… esa cosa rara en el estómago cuando nos vemos ¿Lo sientes?
- ¡No!
- No es verdad
- No siento nada. Bueno… sí, siento asco de haberme acostado contigo
- Tienes toda la razón…
- …
- …
- A las 22.00 dónde siempre.
- No puedo salir. Mi calle está llena de paparazzis
- No voy a ir a tu casa…
- …
- Está bien… Pero no te emociones… ¡Esto no es una oportunidad de nada! Sólo voy a dejar que te expliques y después… cada uno por su lado
- ¡Gracias! Yo… ¿quieres cenar? Puedo encargar comida china…
- No vamos a tardar mucho así que tu decides
- Susan…
- ¡Qué!
- Lo siento – Colgué el teléfono, más que enfada con él, enfadada conmigo. Estaba volviendo a caer en su trampa. Iba a volver a su casa a que me diera explicaciones pero no sabía cuáles eran esas explicaciones. ¿Las cosas raras en el estómago? Claro que las había sentido, la sentí desde nuestra primera vez con 16 años. Sabía que yo le hacía sentir algo o quizás lo decía sólo para camelarme y volver a acostarse conmigo. Mi cuerpo deseaba que lo tocaran sus manos, no iba a negarlo, necesitaba estar en su cama, a pesar de lo que me había hecho, pero no podía perdonarle tan fácilmente. Me había hecho mucho daño. Que fuera famoso, no le daba derecho a tratarme así, porque yo también podía hacerle daño si quería.

Entré en la ducha, después de comer, para empezar a arreglarme. No lo iba a hacer mucho, no quería que pensara que lo hacía por él. Mientras la gotas de agua relajaban mi cuello, un hormigueo se instaló en mi vientre al recordar el tacto de sus manos, parecía que estaba oyendo sus jadeos y gemidos en mi oído, podía sentir el peso de su cuerpo sobre el mío. El agua fría ya no hacía efecto sobre mí, sentía cómo, casi, quemaba mi piel, a pesar de estar varios grados bajo 0. Y su imagen volvió a mi mente.

Sus brazos sujetando mi espalda sobre aquella mesa, su cuerpo moviéndose sobre el mío en aquel suelo, su placer explotar en el interior de aquel coche, su orgasmo en aquellas escaleras de mi edificio. A parte del daño que me había hecho, notaba el placer que me daba por todas las partes de mi cuerpo.

Unos segundos más tardes, la vergüenza se apoderó de mi rostro cuando me sorprendí tocándome, intentando imaginarme el placer que sentía con ese hombre, ese placer que me costó fingir para dañar un poco su moral y su masculinidad. Mi mano se movía inconscientemente sobre mi cuerpo y mi feminidad como si de sus manos se trataran. Mis pechos ardían y ni la humedad del agua fría conseguía relajar alguna parte de mi cuerpo. El sonido de las gotas al caer en la ducha me recordaba a sus suaves lamidas en mi cuello. Me imaginé en su cama, el único, o uno de los pocos sitios, dónde no lo habíamos hecho.



-¡¡¡Susan!!!… - El cosquilleo en mi vientre paró cuando la voz de Rebeca me sacó de mi placer - ¡¡Suena tu móvil!!
- ¡¡Voy!! – Salí del baño con enfado increíble, Me había quedado a las puertas con mis propias manos y me dirigí a mi habitación a contestar - ¿Sí?
- ¿Susan?
- Si…
- Soy Peter
- Hola… hola… Peter ¿Qué tal? – Le había dejado con un calentón de muerte unos días atrás y no sabía porque me llamaba. Me dijo que iba a estar esta noche en el mismo local donde yo iba a quedar, supuestamente, con Robert. Le dije que tenía planes pero que posiblemente me acercaría por allí. Quizás era el momento de devolverle otra a Robert y ahora si lo iba a hacer.

Me terminé de arreglar y me dirigí a su casa. Estaba nerviosa pero tenía que parecer tranquila, no quería que se sintiera vencedor, ya no me iba a ver mal, nunca.

Llegué a su portal y subí las escaleras despacio para encontrarme con su puerta. No me hizo falta llamar, se abrió cuando me paré en frente de ella

-Hola
- ¿Estás borracho?
- Es todo más fácil así – Me miró durante unos segundos con su brazo apoyado en el borde ed la puerta y con su mano agarrada a una cerveza – Pasa… por favor – Se apartó y me miró mientras pasaba al interior de su apartamento. Lo primero que miré fue el suelo, el suelo donde lo hicimos por primera vez - ¿Quieres algo? La comida llegó hace 10 minutos – Asentí despacio y me ayudó a quitarme la chaqueta de cuero. Primero Error: Ya había notado el roce de sus manos, estaba un poco más perdida en ese hombre y, encima, en su territorio.

Me senté despacio en el sofá, mirando la mesa llena de comida, hasta que sentí el sofá hundirse a mi lado, miré y se había dejado caer a mi lado con su espalda apoyada en el respaldo y su cerveza en el posa brazos. Miró hacia abajo cuando me encontré con su cara y sonrió de lado

-Creía que no ibas a venir… que me lo habías dicho para colgar y que te dejara en paz
- Eso lo había pensado – Alcancé los palillos chinos que estaba sin abrir sobre la mesa y empecé a comer despacio
- He sido un gilipollas. He sido un desgraciado. He sido un cabrón. He sido un guarro…
- No me des la razón como a los tontos. No hace falta que te humilles de esa manera – Se pellizcó el puente de la nariz y pegó un trago largo a su cerveza.
- Necesito que me perdones. Me han regañado más de tres veces esta semana. No rindo en los rodajes y no me acuerdo de los diálogos
- ¿Me estás echando la culpa?
- No… - se limpió la boca con el reverso de su mano y me miró – La culpa es mía. Porque no he sabido tratarte, porque no he sabido hacer la cosas bien y te he hecho daño…
- Bueno… yo te he seguido un poco el juego así que… creo que tengo algo de culpa
- No tienes culpa de nada. Te hice caer en mi cama y a pesar de todo lo que hice… volvías…
- Bueno… en tu cama precisamente no he caído… - Reí despacio y agaché la cabeza
- Puedes pegarme si quieres o insultarme… no sé… mañana no me acordaré…
- Ahora no te hagas la víctima porque no te pega…
- No me hago la víctima – Se acomodó sentándose bien a mi lado – Me encuentro solo. Salgo de rodar y me encuentro con un millón niñas gritándome y después… esto… - Señaló la casa – está vacía. ¿Sabes lo que llevo haciendo desde hace 3 años? – Negué mirándole – Esto… beber… mis amigos tienen novia o estás ocupados con sus trabajos normales y yo mientras… me muero del asco…
- Eso no explica lo que me hiciste
- No… no lo explica. Nada puede explicar lo que te he hecho – Agachó la cabeza y vi un gesto en su cara de dolor – Yo no soy así. Yo… yo soy un buen chico… yo siempre he querido una familia… una chica a mi lado… una casa dónde escondernos…
- ¿He sido… la única… a la que… le has hecho esto?
- He tenido un par de novias desde que nos vimos la última vez… o la primera...– Sonrió agachando la cabeza recordando nuestra primera vez – pero… no puedo mentirte… si ha habido alguna mientras nos acostábamos
- ¡Genial! – Me levanté del sofá tirando los palillos a la mesa y él se levantó conmigo agarrando mi brazo
- ¡No… no! ¡Espera! Pégame… Prefiero que te desahogues pegándome a que te vayas…
- ¿Qué debería hacer? ¿Te perdono, me olvido de todo y hago como que no ha pasado nada?
- Es una opción
- Gilipollas – Cuando me di la vuelta para dejar atrás su casa agarró mi cintura y me estampó la espalda en su pecho
- ¡No… no, no…! – Primero gritó – No me hagas esto – Luego susurró en mi oído
- No puedes arreglarlo todo con el sexo
- No quiero sexo… bueno sí… – Escuché una pequeña risa en mi oído – Pero ahora sólo necesito que me perdones – Moví mi cuerpo lo justo para encajarme entre sus caderas. Un jadeo placentero salió de su boca y se instaló en mi oído cuando roce su dureza, creciente por segundo.
- ¿Sabes lo que voy a hacer?
- ¿Me vas a perdonar? Dime que sí – SU voz sonaba entrecortada y jadeante mientras seguían apresando mis caderas entre las suyas
- No… voy a hacerte lo mismo que me has hecho tú. Te voy a utilizar – Me giré bruscamente sobre mi misma y estampé mis labios sobre los suyos, con rabia y dureza. Me agarré a su cuello y me subí encima de su cuerpo, rodeando sus caderas con mis piernas. Se me escapó un gemido cuando noté que cada vez estaba más duro, él lo respondió gimiendo en mi boca y andando hacia atrás hasta caer en el sofá conmigo encima.

-Aquí ya lo hemos hecho – Le dije jadeando en su oído sin dejar de mover mis caderas
- ¿Dónde quieres ir? – Me dijo entrecortado mientras mordía su cuello
- Sorpréndeme – Y volví a moverme entre sus labios buscando con la punta de mi lengua la suya en el interior de su boca. Cuando me quise dar cuenta andábamos por la casa buscando un lugar nuevo. ¡Sorpresa!


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Re: ¿Para qué me buscas? ¿Para qué me quieres?

Mensaje  mpatts el Mar Ago 17, 2010 4:54 pm

Twisted Evil no esta de mas releer jejejejeje ... me tienes con la intriga, que lugar escogeran esta ves Shocked
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Re: ¿Para qué me buscas? ¿Para qué me quieres?

Mensaje  Floren el Vie Ago 20, 2010 5:08 am

mpatts escribió: Twisted Evil no esta de mas releer jejejejeje ... me tienes con la intriga, que lugar escogeran esta ves Shocked

jajajaj seee mary coincido con vos...quiero maaas!!![b]
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Re: ¿Para qué me buscas? ¿Para qué me quieres?

Mensaje  Pattzy el Vie Ago 20, 2010 12:01 pm

sigueee guapaaaa me tienes con la intrigaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
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Re: ¿Para qué me buscas? ¿Para qué me quieres?

Mensaje  lydinana el Vie Ago 20, 2010 1:06 pm

aver si esta noche subo mas q con el curro no tengo casi tiempo jajajja
gracias nenas!!!

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Re: ¿Para qué me buscas? ¿Para qué me quieres?

Mensaje  lydinana el Dom Ago 22, 2010 11:09 pm


CAPITULO 13


-Ahí… no – Le indiqué cuando me dejó encima de la cama y se puso sobre mí sin para de besarme
- ¿Por qué? – Volvió a besarme y me miró extrañado – Aquí… no lo hemos hecho – Agarré su cara con mi mano y mordí mi labio despacio
- En la cama lo hacen las parejas. Y tu y yo… - Acerqué mi boca a la suya y, con la punta de mi lengua, lamí, de abajo hacia arriba, sus labios entreabiertos, despacio, viendo como sus ojos se cerraban y noté su dureza rozar mis muslos - … no somos pareja… - Me separé despacio y abrió los ojos despacio, me dio una sonrisa torcida y besó mis labios con rudeza, y pasó sus manos rodeando mi cintura hasta que me levantó, chocando con su pecho, notando cómo nos levantaba de la cama. Se dio la vuelta y chocó mi espalda contra la pared – Aquí tampoco
- ¿Quieres… dejar… de jugar… conmigo? – Bajó su boca hasta mi cuello y se apretó más contra mí cuando enrollé mis piernas más en sus caderas.
- Me estás defraudando… - Mi voz era muy pesada y mis ojos se cerraron sintiendo el placer de sus besos por mi cuello y sus manos apretando mis caderas - …sólo follamos, y… ¿no eres… capaz de sorprenderme…? - Eché la cabeza más hacia atrás y sentí su lengua dibujar el contorno de mis hombros.

Sentí mi espalda despegarse de la pared y cómo me llevaba a paso lento por toda la casa, mientras torturaba mi garganta con sus dientes Escuché el golpe de una puerta tras de mí y conseguí abrir un poco los ojos, entregados al placer que provocaba su boca por mi cuerpo, para darme cuenta que nos había llevado hasta baño. Sentí el frío mármol del lavabo en la parte baja de mi espalda y cómo me sentó sobre él. Dejó mi cuello y agarró mi cara mientras apretaba mis piernas más fuertes a su alrededor. Me miró con una expresión dura, que me asustó. Sus pupilas estaban dilatas de la mezcla de lujuria y alcohol que llevaba en la sangre. Mi mano cayó en su pecho y la otra agarró su cara acercándola a la mía despacio, hasta que junté nuestros labios despacio, moviéndolos con ternura. Se suponía que iba a utilizarle cómo él me utilizaba a mí, pero una vez lo probaba, caía rendida, podía hacer lo que él me pidiera, cuando me pidiera.

Mientras torturaba sus labios, besándolos despacio, el agarré el mi cara se volvió más fuerte. Bajó una de las manos a mi cuello y me apretó más hacia él, su mano agarraba fuerte mi cuello mientras su boca se volvía más ruda. Intentaba bajar el ritmo del beso pero no me lo permitía. Apretó un poco más su agarre y mi cuello se resintió, doliendo por la fuerza de su mano. Quité el agarre de mi piernas y empujé su pecho con mi mano, pero el peso de su cuerpo y la poca fuerza de mis brazos no lo movían un milímetro.

Escapé de sus labios un par de veces pero volvió a meter los míos entre los suyos, cada vez con más fuerza. Aparté mi cara despacio y su boca agarró mi cuello de nuevo.

-¡¡Para!!
- Aquí… no lo hemos… hecho… - Su voz era más dificultosa que de costumbre
- Da igual. Quiero que pares
- No puedo... No puedo parar ahora. No… hagas que pare. - Su boca alcanzó de nuevo la mía pero me solté rápido
- ¡Suéltame! Me duele el cuello – Agarré su mano en mi cuello pero no conseguí soltarlo
- Pues no me dejes así…
- ¡¡Para joder!! – Paró de golpe y su agarré se hizo delicado, con sus ojos mirándome con pena. Su boca hizo un gesto de tristeza y agachó su cabeza
- Yo… es… no…
- Estás muy borracho y… esto… yo no he… no ha sido buena idea
- Estoy bien… sólo que… no quiero que te vayas
- No puedes obligarme a nada – Susurré en su oído apoyando mi cabeza en su hombro
- Soy un mierda… ni si quiera puedo hacer esto como un hombre – Soltó las manos de mi cuello – Me quedé jadeando sentada en el lavamanos mientras él se separaba de mí agarrando su pelo con fuerza.
- … - Se apoyó en la pared de enfrente tapándose la cara con sus manos y respirando, todavía, con dificultad…
- ¡Vete! No quiero… no puedo hacer nada que tu… no… tu no… ¡Vete! – En el fondo me sentía mal, pero él siempre hacía algo que acababa jodiéndome. Vi como su cuerpo empezó a resbalar por la pared hasta que acabó sentado en el suelo apoyando sus codos en las rodillas
- ¡Eh! Levanta. – Me bajé del lavamanos y me encaminé hacia él agachándome en mis talones - ¡Vamos! No… no ha… no ha sido nada… yo… ¡Venga! – Agarré sus brazos para intentar subirle pero su altura hacía que su peso fuera proporcional, es decir, que no le moví ni un milímetro. No podía dejarle así, a pesar de todo, sabía que estaba borracho y que eso no le daba razón para tratarme así pero estaba mal y me moría de curiosidad por saber por qué estaba así, porque había bebido, aunque sabía que yo era la razón.
- ¡No puedes…! Yo… me quedo aquí
- ¡Levanta! ¡Vamos! – Agarré sus brazos y él me ayudó a levantarle, conseguí poner su cuerpo recto pegado a la pared. Mi mano descansó en su cuerpo para que no se cayera y respiré profundo antes de mirarle a los ojos.
- Yo te jodo la vida y tú me ayudas… - rió sarcástico
- Siempre he sido muy confiada con la gente y… he puesto la otra mejilla así que…
- No me ayudes – Agachó la cabeza y se quiso mover, entonces noté su cuerpo tambalearse hasta que conseguí agarrarlo con mis propias fuerzas. Tenía demasiado calor en el cuerpo y sudaba, pero no era de excitación, era de lo que había bebido. Pasé mi mano por su frente y retiré el sudor que había en ella, notando que la mayor parte del calor se alojaba allí
- Estás ardiendo. Métete en la ducha
- No… estoy bien ¿Quieres dejarme? – Intentó deshacerse de mis manos pero yo no le iba a dejar, estaba borracho por mi culpa.
- No te voy a dejar así que… ¡Métete en la ducha! – Bajé mis manos hasta el borde de su camiseta y se la quité despacio rozando mis manos por su cuerpo hasta que desapareció por encima de su cabeza descubriendo las gotas de sudor que se esparcían por su pecho. Bajé las manos hasta su cinturón y su mano me paró
- No… no me… ahí… ahí no toques… - Le miré extrañada
- No voy hacer nada… sólo… tienes que darte una ducha. La fiebre bajará más rápido – Soltó mis manos y seguí desabrochando su cinturón, siempre lento, no iba a dejar pasar la oportunidad de seguir devolviéndole lo que me había hecho, poco a poco. Quité el primer botón despacio y cogí con mis dos dedos la cremallera comenzando a bajarla despacio. Creí escuchar un pequeño gemido de sus labios cuando agarré los lados de su pantalón y lo dejé caer. Mi mirada se desvió hacia la suya y sus ojos yacían entre cerrados. Volví a mirar a sus bóxer y metí mis dedos entre la goma de estos para bajarlo. Abrí la mampara de la ducha con mi mano libre y le miré para que entrara en ella. Intenté no mirar su cuerpo y más allá, pero lo hice de reojo.

La ducha empezó a sonar y me quedé esperando fuera a que terminara, pero la ducha se estaba haciendo demasiado larga. No quería asomar la cabeza para que no pensara que me moría de ganas, aunque así fuera, pero las ganas me pudieron. Moví mi cabeza para mirar al interior de la ducha, me encontré con su brazo apoyado en la pared y la cabeza agachada mientras el agua caía sobre su nuca.

-¿Te encuentras mejor? – Asintió despacio – Pues yo me voy a ir
- ¡Espera! – No se movió – ¿Puedes esperar a que salga?
- Claro - ¡Dios! Otra a vez a verle desnudo. Cerró el grifo despacio y me miró.
- Gracias – Negué mientras le vi alcanzar una toalla a mi lado y envolverse en ella - ¿No quieres terminar de cenar? – Dijo cerca de mis labios. Mi cabeza se movió hacia todos lados intentando que su aliento no me alcanzara
- Me… yo… yo me voy a ir… porque… bueno…tú ya estás… ya estás bien y… - Todavía me ponía nerviosa estar cerca de él. Besó mi mejilla despacio y sus brazos se enrollaron en mi cintura acercándome a él – Me tengo que ir… de verdad…
- No te vayas con él
- No… no me voy con nadie – Besó mi mejilla de nuevo, esta vez más cerca de la comisura de los labios.
- ¿No habías quedado? – Su boca rozó la mía despacio y, al mismo tiempo, su dureza crecía
- No… voy… voy a casa… - Mi mano subió a su pecho y le aparté despacio – Me voy… - Me encaminé a la puerta y oí sus pies descalzos detrás de mí
- ¿Volverás?
- No lo sé – Me paré en la puerta de su casa y le miré
- ¿Me has perdonado?
- No… No creo…
- Aprovéchate de mí
- ¿Qué?
- Que lo hagas. Haz lo mismo que yo he hecho contigo. Es la única manera de verte y… poder tocarte
- Estás borracho. Déjalo

Salí de ahí dispuesta a ver a Peter en el club. Me encontré con él, estuvimos hablando, bebiendo, riendo y besándonos. Aunque no eran los besos de Robert me conformaba con esos labios. Nos besábamos como desesperados mientras la gente bailaba a nuestro alrededor, hasta que no pudimos más y le llevé a mi casa.

Lo hice con él en mi cama pensando en Robert, con mis ojos cerrados y su cara en mi memoria. Pensaba que las manos que me tocaban eran las suyas y que el placer era el mismo, pero la realidad era que no era Robert, y el placer no se parecía en nada.


La mañana me despertó y sus brazos dormían en mi cintura apretándome a su cuerpo. Intenté deshacerme de su agarre pero su brazo pesaba más, pero una voz me despertó del todo.

-¿Qué coño haces aquí?
- He venido a ver a Susan. Ayer me ayudó y… quería ver cómo estaba
- Está en su cuarto pero no crea que quiera verte
- Déjame que lo compruebe
- ¡Para! ¿Dónde vas? ¡No! – La puerta de la habitación se abrió y mi cara desprendía calor por todos los poros.
- ¡Robert! – Mi voz salía avergonzada y sus ojos desprendían furia.


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jajjajajja q mala soy!!

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Re: ¿Para qué me buscas? ¿Para qué me quieres?

Mensaje  Floren el Lun Ago 23, 2010 4:23 am

jajajaj lyd este capitulo me encanta!!! la verdad es q muero por saber como continua despues de ver q esta encamada con otro!!! Twisted Evil y el pobre pibe q no tiene la culpa se va a comer unaas buenas puteadas!! jajaja
Quiero mas!!!
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Floren

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Re: ¿Para qué me buscas? ¿Para qué me quieres?

Mensaje  mpatts el Lun Ago 23, 2010 4:32 am

MALISISISISMA!!!!!!!!! jajajajajajaja Raund -me perdi la cuenta jejeje, pero este es- a favor de Susan!!!! Lyd como me has hecho sufrir, me encanto el momento ducha y esa parte en la que pide no se encuentre con èl ufffff DIOS! espero masmasmasmasmasmasmasmasmasmasmasmasmas
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Re: ¿Para qué me buscas? ¿Para qué me quieres?

Mensaje  lydinana el Sáb Ago 28, 2010 12:32 am

CAPITULO 14



- ¡Joder! – Sus ojos desprendían rabia y vi su puño cerrado con fuerza. Me incorporé lo justo para poder habar
- Ehm… yo… él no… ¡Dios! ¡Joder! ¿No sabes llamar a las puertas antes de entrar? – Le hablé mirándole a los pies mientras tapaba mi cuerpo con la sábana
- ¿Es lo único que se te ocurre decirme?
- ¿Perdón? – Dije extrañada
- ¿Qué coño haces con ese tío? – Dijo señalando a Peter, todavía durmiendo, haciendo un gesto de dolor con su cara
- ¿Te lo explico? – Le dije con sonrisa irónica
- ¿Te acuestas con él por joderme?
- Me acuesto con él porque me trata como un hombre debe tratar a una mujer – Agachó la cabeza y suspiró fuerte
- Sal de la cama
- ¿Cómo? – Dije extrañada
- ¡Sal – de – la – cama! – Me dijo furioso apretando el puente de su nariz con sus dedos
- ¡Estás enfermo! – Me di la vuelta en la cama, dándole la espalda, y estampé mi cabeza contra la almohada enfadada
- ¡Susan! – Su voz sonaba más fuerte y autoritaria - ¿Quieres salir de la cama?
- ¿Quién coño eres tú para sacarme de mi cama? Además, deja de gritar porque Peter está durmiendo
- ¿Este… es…? ¿Peter? – Giré la cabeza despacio hasta ver su cara más enfadada que antes - ¿Con… esta..."cosa”…? - Me dijo señalándole despectivamente - ¿…me confundiste? ¿Me llamaste Peter por él? ¿Por este mierda?
- Deja de insultarle
- Estoy seguro de que ni si quiera le has visto dos noches seguidas ¿me equivoco?
- No te importa
- ¡¡¡Eh Peter!!! ¡Amigo! – Cuando me quise dar cuenta Robert se había acercado a Peter y palmeaba su espalda despacio para despertarle - ¡despierta Peter!
- ¿Qué haces gilipollas?
- Despierto a Peter para conocerle mejor
- ¡¡Déjale!! – Abalancé mi mano sobre la suya para quitarla de la espalda de Peter
- ¿Su…san?
- ¡Ves! Eres lo peor
- ¡¡Hola Peter!! – Dijo Robert sonriendo cuando Peter abrió los ojos
- ¿Quién coño eres tú? – Dijo Peter sentándose deprisa en la cama
- El que se estaba tirando antes a Susan
- ¡¡Robert!! – Le grité asqueada de lo que estaba contando
- ¿¿Qué?? Es la verdad ¿no? – Cruzó los brazos sobre su pecho y Peter se puso de pie a su altura
- ¿Tu eres el gilipollas por el que casi pierdo a Susan?
- ¿Perdón? – Robert dejó caer su cara irónica y frunció el ceño
- Peter déjalo
- No Susan. Voy a dejarle las cosas claras a este… actorcito…
- Mira niño…
- ¡No! Mira tú campeón… - Peter se acercó más a él – No sé qué coño haces aquí pero me da igual. Sé que algo la has hecho… no sé el qué y en realidad me importa pero no quiero saberlo, sólo quiero que la dejes en paz. Si ella te dice que no quiere verte, no te ve. Si ella te dice que la dejes, la dejas. Y si se quiere acostar conmigo, lo hace ¿Queda claro? – Robert le miraba extrañado
- Mira… niño… - Robert rió de nuevo irónico y me miró fugazmente para volver a mirar a Peter – Deberías saber que… ella… era la que me buscaba… ella venía solita a mi casa y no venía a cenar precisamente… y se iba satisfecha, la verdad.
- ¿Y tú eres un hombre? Y… ¿la gente te admira? Si la gente supiera cómo tratas a las mujeres... tu carrera se acabaría
- Te importa una mierda lo que yo haga en mi vida privada
- Allá tú con lo que haces… pero ten cuidado de que alguna de las fulanas a las que te tiras no salgan en televisión contándolo
- ¿Alguna de las fulanas a las que me tiro? – Preguntó Robert irónico y me miró - ¿Vas a contar lo nuestro Susan?
- ¿Cómo? – Preguntó Peter más que furioso - ¿La has llamado fulana? – Peter se acercó a Robert haciendo que este retrocediera riendo irónicamente
- Peter… déjalo…esto no…
- ¡No! No lo dejo…
- ¡Basta! – Grité poniéndome entre los dos. Respiré con dificultad y miré a Robert con tristeza – Anoche pensé por un momento que de verdad estaba arrepentido pero cada día que pasa y cada cosa que hacer, lo jodes todo más. Y lo peor… lo peor es que me duele… y a ti te importa una mierda. Es la última puta vez que te digo que dejes de joderme, ¿lo entiendes? ¡¡Deja de joderme ya!! ¿No me entiendes? ¿No entiendes que me haces daño y que me duele cómo me tratas? ¡Joder! – Agarré bien mi sábana contra mi cuerpo y salí de mi habitación llorando, dejando a esos dos hombres allí. No me importaba lo que hicieran, si se mataban, si se peleaban, si se acostaban… no me importaba nada, sólo quería llorar y que me olvidara.
- ¡¡Susan!! ¡¡Espera cariño!! – Rebeca corría detrás de mí, consiguiendo parar la puerta del baño antes de que la cerrara y se metió dentro conmigo - ¿Quieres calmarte cariño? – Acarició mis brazos mientras me sentaba en el borde de la bañera sin dejar de llorar
- ¡Esto… no… yo… no… puedo… más…! No… puedo… Me duele… el… pecho…
- ¡Eh! Tranquila cariño – Se puso de cuclillas delante de mí y siguió acariciando mi brazos mientras secaba las lágrimas de mi cara - ¿Cómo qué te duele el pecho?
- No… puedo respirar y… me duele… me duele aquí – Apoyé mi mano en el pecho
- ¡No! ¡No! No me asustes Susan… ¿Quieres agua? ¿Quieres algo?
- Quiero… quiero que me deje… que me deje en paz
- Si… ya se va… no te preocupes… ya se va. Respira, venga… respira. Tranquila – Me ayudó con la respiración mientras yo la seguía – Venga, respira conmigo… se te va a pasar ya verás
- Me duele… - Lloré con más fuerza. El dolor se estaba apoderando de mis pulmones y subía hasta mis ojos que no daban abasto para sacer todas las lágrimas que se agolpaban en ellos – Me ha llamado… fulana… y…
- ¡Ya! No pienses en eso… ¿vale? Ya ha pasado – Se dio la vuelta para alcanzar una toalla y me limpió la cara – Deja de llorar y vamos a la cama, tienes que tumbarte – Cogió mi mano y tiró de mi pero yo me resistí
- ¡No quiero verle!
- ¡Nooo! Tranquila… - Rebeca intentaba calmarme – No le vas a ver, pero necesitas relajarte y tumbarte ¡Vamos! – Tiró de mi brazo y agarró mi mano mientras con el otro brazo sujetaba mi cintura. Abrió la puerta y nos encontramos con ellos pero yo no levanté la cabeza
- ¿Qué la pasa? – Oí la voz de Robert
- ¿Tú que crees gilipollas?
- ¡No lo sé! Te pregunto
- La está dando un ataque de ansiedad por tu culpa
- ¿Por mi culpa?
- Todo esto lo has montado tú y tu puta manía de hacer daño a una persona tan débil como Susan
- Yo no… ¡Joder! Deja que te ayude – Sentí sus manos en mi cintura pero Rebeca le apartó
- ¡¡No!! No se te ocurra tocarla y… ¿podéis dejar de mirar y llamar al médico para que venga a visitarla?
- Yo llamo – Gritó Robert mientras Rebeca terminaba de ayudarme a llegar a mi habitación. Me dejó sobre la cama y me arropó


Caí rendida sobre la cama y cuando desperté Rebeca estaba sentada en la cama, a mí lado. El doctor ya se había ido y si me había dado un ataque de ansiedad. Los nervios me habían comido por dentro y yo sabía que la culpa era de Robert pero necesitaba saber si estaba ahí y si estaba preocupada por mí. Giré la cabeza despacio, después de abrir los ojos, y ella me miró con una cálida sonrisa

-Menudo susto me has dado graciosa
- ¿Estoy bien?
- Estresada, nada más. Necesitas descansar
- ¿Está…?
- Eres masoca niña – Me miró con el ceño fruncido – Sí. Está en el salón. Se ha quedado para ver cómo estabas
- …
- Lo que me sorprende es que Peter se ha ido – La miré extrañada – Sí, dijo que tenía cosas que hacer y… se fue
- ¿No ha llamado? – Negó con la cabeza – Voy a llamarle… estará preocupado – Cogí mi teléfono y le marqué, pero no me contestó. Lo repetí 4 veces y lo dejé por imposible porque no me contestaba. Volví a dejar el móvil en la mesilla y Rebeca me miró
- Quizás no sea el momento pero… creo que hay que compartir las miserias así que… Luis me ha dejado – Volví a mirarla extrañada – Sí. Ha conocido a una rubia guapísima y súper operada en el trabajo que le ha encontrado Robert y… me ha dejado
- Lo siento mucho
- Lo mío es una mierda comparado con lo tuyo
- No es verdad – Hice un gesto de dolor al intentar acomodarme en la cama
- No te muevas mucho
- Sabes que la culpa es mía… Yo me lo he buscado… Yo he ido detrás de él. Él tiene razón.
- No tengo razón – Una voz vino desde la puerta de mi habitación. Robert estaba apoyado en el marco de la puerta mirándome con cara de preocupación y los ojos rojos tristes, cómo nunca se los había visto
- Pues va a tener razón Susan y no sabes llamar a las puerta
- Yo… lo siento… estaba… bueno… es que… estaba abierta
- ¿Por qué no te vas a casa y dejas de molestar?
- Sólo quiero saber cómo está
- ¿No ves que está mal?
- Déjalo Rebe – Susurré despacio mirándola
- ¿Cómo estás?
- Jodida
- Siento lo que ha pasado hoy
- No sientas nada y déjala descansar
- Me gustaría hablar contigo Susan
- No tienes nada que hablar con ella. Ya le ha quedado claro que piensas que es una fulana así que… fuera de aquí
- Se que lo estoy jodiendo todo, pero…
- No… no hay más oportunidades… Ya no… Mira cómo estoy… Mira cómo me he puesto… No quiero estar así por un hombre y menos por ti
- ¿No me vas a dejar hablar contigo?
- No
- ¿Ni si quiera la última vez?
- Has desperdiciado nuestra última vez
- Entonces me voy. Sólo quiero que sepas que me siento como la persona más mala y mierda de este mundo. Aunque estoy seguro de que no me crees… y … seguramente haces bien. Siento que me hayas conocido.



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Re: ¿Para qué me buscas? ¿Para qué me quieres?

Mensaje  heidy patricia el Sáb Ago 28, 2010 2:58 am

Lydi nena: me matas! Siguelo pronto por favor!!!

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Re: ¿Para qué me buscas? ¿Para qué me quieres?

Mensaje  Floren el Sáb Ago 28, 2010 8:03 am

ahhh por dios....pero esto si que se fue al carajo y lo peor es q mientrs mas mierda es mas quiero justificar sus actitudes!!! Este Rob si que esta jodido!!!! Lyd quiero mas y prontoooo
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